31 de octubre de 2008

Un momento de relax


Sumi-e ó Suiboku es una técnica de dibujo monocromático en tinta de la escuela japonesa. Se desarrolló en China y fue introducida en Japón a mediados del siglo XIV por monjes budistas zen.
Las imágenes para hacer este vídeo las tomé de aquí y pertenecen a Kazu Shimura. Si quieres ver cómo realiza esta técnica visita este link

Tema musical: “Temple garden”
Album: Zen and the art of relaxation

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28 de octubre de 2008

El nuevo mal de San Vito


Situémonos...

Un día cualquiera dentro de un medio de transporte colectivo. Lleno a rebosar, todos los asientos ocupados y buscas un rinconcito donde asirte y resguardarte hasta que llegue tu parada.

Como siempre empiezas a mirar a tu alrededor, clasificando al personal (no digas que no, porque todos lo hacemos). Ese niño jugando con el paraguas parece peligroso. Esa señora tan mayor y nadie le cede el asiento ¡qué sinvergüenzas!. Anda, mira, ahí va el vecino de mi tía. Y así hasta que completas el reconocimiento visual de tu entorno.

De repente, se escucha a alguien hablar en voz alta. Te revuelves en tu rincón intentando vislumbrar al dueño de ese monólogo. Miras, vuelves a mirar y ahí está; es una chica, joven, que parlotea sin parar, mueve las manos, gesticula, aunque, aparentemente, no tiene aspecto de trastornada.

Ella sigue su conversación particular, mientras no dejas de preguntarte qué razones tendrá para ponerse de esa manera. Entonces caes en la cuenta que lleva unos auriculares, sigues el cable y crees reconocer un micrófono incorporado, sigues mirando y, con cierta dificultad, adivinas que está hablando por teléfono móvil. ¡Claro, era eso!.

El espectáculo continúa: esta tarde ha quedado en la plaza cercana al centro comercial, su interlocutor debe estar intrigado porque “no puedes ni imaginarte a quién vi hoy”, todo eso acompañado de unas manos que vuelan hacia la cabeza. Y sigue, y sigue....

No se está dando cuenta, pero todos a su alrededor hemos sido partícipes de su tecnología punta; esos auriculares la aíslan de su propio tono de voz, que es bastante elevado, mientras los demás nos hemos enterado de todos sus planes.

Es curioso, vivimos inmersos en el mundo de la comunicación y la tecnología nos trae estas instantáneas: personas que se aíslan del mundo a base de artilugios que les confieren conectividad vía satélite, pero que, al mismo tiempo, les impide tener un mínimo de intimidad.

Ejemplos varios: aquél al que le suena el móvil mientras está afanado en el W.C.; aquél otro que gesticula sin parar mientras espera en un semáforo porque su bluetooth es lo más de lo mejor, etc.
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Tolerancia Cero

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Cuando el miedo no existe


Hace 10 meses que un pequeño ser, al que cariñosamente llamo “peloto”, vino a colmarnos de felicidad. Es mi sobrino, el más peque de la familia.
Lo visito a diario, no sólo porque soy su tía, sino porque siento “síndrome de abstinencia” si no lo hago; me tiene chiflada perdida.

En estos escasos meses he ido observando su crecimiento, sus progresos día a día y no deja de sorprenderme la capacidad, tan enorme, de aprendizaje con la que venimos al mundo.

Mi “peloto” ha pasado de ser un bebé sin más a ser un torbellino “a cuatro patas”. Atrás quedaron sus primeros movimientos temblorosos y damos la bienvenida a tocar las palmas, decir adiós, imitar expresiones, etc.

Mirándole y observando, cada día, que nueva habilidad ha logrado, me planteo cuánto hemos tenido que aprender en nuestro primer año de vida. Todos hemos pasado por ello, pero creo que pocas veces nos hemos parado a pensar cuanto sacrificio, práctica, aplicación, tesón y afán de superación hemos tenido que poner de nuestra parte para conseguirlo.

Mirándole, me pregunto ¿qué energía “maravillosa” será la que nos acompaña durante nuestra infancia?.

Cuando crecemos y nos convertimos en adultos, dejamos de poseerla, al menos, la mayoría de nosotros y achacamos a otras muchas circunstancias nuestra incapacidad para “aprender”.

En el fondo, creo que nos paraliza el miedo; miedo a no lograrlo, miedo a no ser capaz, miedo a intentarlo. En definitiva...MIEDO.

¿Cuánto nos costó aprender a coger nuestro chupete y llevarlo hasta nuestra boca con precisión? ¿nos paró el miedo a fallar? ¿a que se cayera? ¿a perderlo? NO. Lo intentamos una y otra vez, hasta lograr la destreza y motricidad suficientes para lograrlo.

¿Cuánto nos costó aprender a hablar? Más aún, ¿cuánto nos costó comprender que existía un lenguaje, un código, una ley para comunicarnos? Seguramente, mucho más de lo que nos costaría aprender otro idioma correctamente, pero no nos paramos a pensar que era algo imposible. Ahí estábamos, mirando a todos esos seres de caras ovaladas que nos hablaban, que emitían ruidos y nos pusimos manos a la obra para conseguir expresar nuestros pensamientos.

Mirando a mi “peloto” disfruto de todos sus progresos, desde mi papel de tía encantada, y no escatimo besos, ni mimos cuando de festejarle sus logros se trata y como no tiene miedo para aprender, tampoco lo tiene para lanzarse a los mil peligros que la vida le depara, pero para velar por él, las veinticuatro horas del día, están sus padres. A mi, esta vez, me toca ser “TÍA” y voy a disfrutarlo hasta que me llame “bruja” y luego seguiré queriéndolo igualmente, como quiero a mis otros dos sobrinos (que ya me lo dicen, jaja).
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27 de octubre de 2008

La croqueta, esa gran desconocida


A veces, al abrir la nevera, siento un desasosiego enorme al comprobar que han ido desapareciendo los manjares y sólo quedan los restos, aquellos que por más vueltas que les des, no consigues armonizar para que parezcan un plato de verdad.

Tal y como está la economía, tampoco es plan de ir cerrando los ojos y abriendo el cubo de la basura , porque “ojos que no ven, bolsillo que se resiente”. Y además ¿qué hay de todos los dibujos animados que nos perdimos por aquella frase de “Hasta que no te lo acabes todo, ni se te ocurra levantarte”?. Eso, dicho así, día tras día, acabó calando y, ahora, da mala conciencia deshacerse de los alimentos mientras les quede un ápice de frescura.

Según esa memoria colectiva que vamos arrastrando de generación en generación, hay tres maneras racionales de acabar con esos restos de la nevera; en tortilla, porque dicen que lo aguanta todo; en pizza, porque aunque no lo aguante, nadie se queja jamás; o en croquetas, que pueden ser de cualquier cosa y encima se pueden congelar.

La croqueta es un ser gastronómico con una definición difícil; todos sabemos qué forma y color debe tener, pero ¿sabemos qué guarda en su interior?. En realidad, no, pero de forma general hay tres clases de croquetas; las de carne (serrano, jamón, pollo, etc.), las de pescado (atún, bacalao, etc) y las de “Segunda Oportunidad”.

Las Croquetas de Segunda Oportunidad están elaboradas con una receta infalible y secreta. Bueno, no tan secreta, pero si personalizada; Imaginemos, esos langostinos cocidos, supervivientes de la cena de ayer, que te miran con ojitos saltones y patitas tiesas tan pronto como abres la nevera. No te queda más remedio que pasarlos a mejor vida, por caridad. Y eso haces, los pelas, los introduces en el vaso de la batidora, agregas la leche, las pizcas de lo que quieras (sal, nuez moscada, etc) y cuando todo se mezcle bien hasta no diferenciarse, lo vas vertiendo, poco a poco, donde has frito la cebolla y la harina. Y alehop, un caldero enorme de pasta de croquetas de disimulo. Solo hay que esperar a que se enfríe, darles forma y pasarlas por huevo y pan rallado e ir colocándolas en los tupper de la comida china y al congelador.


Siempre habrá quien pregunte ¿de qué son? y solo existe una respuesta posible ¿me pasas el pan?.
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26 de octubre de 2008

Cuando el orgullo se hace nombre: Carlos



Hoy, como desde hace algunos años, he acompañado a mi hijo a una de sus competiciones de kumite de kárate.

Hoy, como todas las demás veces, me ha saltado el estómago mientras él estaba sobre el tatami, atacando o defendiendo.

Hoy, como antes, me he debatido entre verlo a través del visor de la cámara o seguirlo con el ojo.

Hoy, como siempre, he sufrido esos interminables minutos.

Pero hoy, como desde hace 15 años, me he sentido muy orgullosa de ser su madre y de que él sea mi hijo.

Ha ganado su primer puesto, pero lo que más me hace sentirme así es su nobleza.

Ojalá todos los años que la vida me permita estar a su lado pueda sentirme así; agradecida por verlo feliz, logrando sus metas sin salir trasquilado.
Los padres parece que siempre tomamos el papel "del que riñe, del que censura", pero hoy éste es mi reconocimiento "mundial" para mi hijo.
¡Pibito, sigue así! ¡Me tienes contenta!.
Para Carlos...de su madre.

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1 de septiembre de 2008

Contacto



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Mis lecturas

Cuando mi hijo aún era pequeño y aún no sabía de "letras", mientras toqueteaba mis libros de la mesita de noche, le explicaba, intentando potenciar su curiosidad, que cuando aprendiera a leer un "Nuevo Mundo", repleto de "Mundos Nuevos", se abriría ante él.

"He recorrido la Tierra, he muerto de amor, he viajado en globo o submarino, he visto guerras y desgracias, me he batido en duelo de espadas y he hecho cosas que jamás hubiera imaginado, todo ello, sin salir de mi cama, pasando, una tras otras, las páginas de mis libros porque cada uno de ellos te regala una nueva aventura. ¿Sabes cuántos libros hay en el mundo?. Cuando estoy leyendo y me ves tan calladita es que, en realidad, estoy viviendo una aventura".

Para mi alegría, el primer día que descubrió que era capaz de leer "otras letras", distintas a las que le enseñaban en la escuela, lo hizo con la portada de unos de los libros que estaban en mi cabecera:
"Pa...u...la.. I...sa...be...bel. .A...llen...de".

Los libros forman parte de mi vida y aunque no soy una lectora empedernida, si me considero una lectora habitual, que disfruta entre letras y que, aún, prefiere un libro impreso.

En la pestaña que sigue en el menú hay una lista de los últimos libros que he leído. Pinchando sobre el título, podrás leer la sinopsis que su editorial publica.


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Lista de libros

"Celebración en el club de los viernes" de Kate Jacobs.
"Reflexiones de un iluso" de EmotionCooking.
"En la ciudad de oro y plata" de Kenicé Mourad.
"L'auberge, un hostal en los Pirineos" de Julia Stagg.
"Si tú me dices ven lo dejo todo...pero dime ven" de Albert Espinosa.
"La costurera de Khair Khana" de Gayle Tzemach Lemmon.
"Ginko, la primera doctora" de Jun' Ichi Watanabe.
"Amigas entre fogones" de Kate Jacobs.
"El príncipe de los oasis" de Fernando Schwartz.
"El club de los viernes se reúne de nuevo" de Kate Jacobs.
"El club de los viernes" de Kate Jacobs.
"El cuaderno de Maya" de Isabel Allende.
"El sueño del Taj Mahal" de Christian Petit.
"Sanando con alimentos integrales" de Paul Pitchford.
"La casa de los amores imposibles" de Cristina López Barrio.
"El tiempo mientras tanto" de Carmen Amoraga.
"Con el corazón en la mano" de Chris Cleave.
"Come, reza, ama" de Elizabeth Gilbert.
"Si no despierto" de Lauren Oliver.
"El médico del tiempo" de Ann Benson.
"La isla bajo el mar" de Isabel Allende.
"Contra el viento" de Ángeles Caso.
"La soledad de los números primos" de Paolo Giordano.
"La conquista de la felicidad" de Bertrand Russell.

"El cirujano de Al-Andalus" de Antonio Cavanillas de Blas.
"El rojo de las flores" de Anita Amirrezvami.
"
Maldito karma" de David Safier.
"La prisionera de Teherán" de Marina Nemat.
"
La catedral del mar" de Ildefonso Falcones.
"
Juntos, nada más" de Anna Gavalda.
"
Mil soles espléndidos" de Khaled Hosseini.
"
De una vida a otra" de Fernando Delgado.
"
El fuego" de Katherine Neville.
"
La esposa del Dios del Fuego" de Amy Tan.
"
La bodega" de Noah Gordon.
"
Escuela de belleza de Kabul" de Deborah Rodríguez.
"
El río secreto" de Kate Grenville.
"
La doctora Cole" de Noah Gordon.
"
Seda" de Alessandro Baricco.
"
El secreto de la porcelana" de Emilio Calderón.
"
La montaña en las nubes" de Aimee E. Liu.
"
La hija de la Esperanza" de Luis Alberto Urrea.
"
Chamán" de Noah Gordon.
"
Las cenizas del cielo" de Alma Alexander.
"
La última emperatriz" de Anchee Min.
"
Tierra firme" de Matilde Asensi.
"
El origen perdido" de Matilde Asensi.
"
La ladrona de libros" de Markus Zusak.
"
El último catón" de Matilde Asensi.
"
Un lugar llamado aquí" de Cecelia Ahern.
"
La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón.
"
El vagón de las mujeres" de Anita Nair.
"
La emperatriz de la seda, Los ojos de Buda" de José Fréches.
"
La emperatriz de la seda, La usurpadora" de José Fréches.
"
La emperatriz de la seda, Techo del mundo" de José Fréches.
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1 de enero de 2008


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