3 de septiembre de 2009

Somos según comemos


El cardiólogo Valentí Fuster, dentro del marco del Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología que se ha celebrado este martes en Barcelona, ha alertado que la enfermedad cardiovascular es una epidemia que seguirá progresando porque la obesidad infantil ha aumentado un 35% en la última década.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
El sedentarismo y los malos hábitos alimenticios, que en las últimas décadas hemos adoptado como “estilo de vida”, nos pueden acarrear, con mucha probabilidad, patologías como diabetes, hipertensión y tasas elevadas de colesterol, desde edades tempranas.

¿QUÉ COMEMOS?
Mariano Lozano, un español residente en EEUU, desde su blog , describe la “cultura del exceso” que afecta a la población estadounidense, pero que bien podría hacerse extensivo al conjunto de países que se han unido al carro de la “sobrealimentación”.


¿QUÉ NOS SOBRA?
El Dr. Jorge de Paula nos orienta sobre un término a tener en consideración: el síndrome metabólico (SM). Este concepto moderno permite identificar a personas con riesgo elevado de desarrollar diabetes, hipertensión, dislipemia y enfermedades vasculares, aún cuando se
“sienten sanas”.

¿QUÉ NOS FALTA?

Concienciación y prevención.

En España, afecta al 8-16% de los niños de entre seis y siete años. Entre la población adulta, un 20% padece obesidad, que mata a 18.000 personas al año en el país. Además, un 30% de los adultos tiene sobrepeso.

Según palabras de Dr. Fuster
“nunca es demasiado tarde para empezar a cuidarse, ... y nunca demasiado pronto”.

Pero sí podemos empezar pronto con nuestros hijos, desde su nacimiento, con la lactancia materna.

Según la AEPED (Asociación Española de Pediatría) “La leche materna contiene todo lo que el niño necesita durante los primeros meses de la vida. Protege al niño frente a muchas enfermedades tales como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante, mientras el bebé está siendo amamantado; pero también le protege de enfermedades futuras como asma, alergia, obesidad,
enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa y arterioesclerosis o infarto de miocardio en la edad adulta y favorece el desarrollo intelectual”.

Además, según los últimos estudios realizados por Early Nutrition Academy (ENA), y dentro del Programa de Obesidad Infantil de la UE, los bebés alimentados con leche materna tienen menos probabilidades de ser obesos durante su infancia que aquellos alimentados con fórmulas maternizadas.

Si bien, como padres, debemos inculcar, desde casa, buenos hábitos alimenticios, el fomento de una alimentación saludable en los colegios y una buena práctica en los comedores escolares, en niños de entre 3 y 7 años, sería determinante para modelar una correcta conducta futura.

Existen programas como
Thao Salud Infantil cuyo objetivo es inculcar en los niños y sus familias las motivaciones positivas de los comportamientos saludables, para que éstos los asuman de forma permanente.

Los niveles de obesidad infantil son alarmantes y sus consecuencias en la salud de nuestros niños son “visibles” desde edades tempranas, Según un estudio presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología hasta 50% de esos niños podrían estar sufriendo ateroesclerosis -la acumulación de placas de grasa en las arterias.

La Organización Mundial de la Salud calcula que para el año 2015 habrá en el mundo 2.300 millones de adultos con sobrepeso y obesidad.

Para empezar a revertir los efectos de la obesidad en la población, tanto en niños como en adultos, es necesario adoptar hábitos saludables tanto en la dieta, como en la actividad física.

“Nunca es demasiado tarde para cuidarse”....

¿Cuándo empezamos?
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1 de septiembre de 2009

Brotes Verdes


Que “nunca llueve a gusto de todos” es algo que, lejos de ser un apunte más del refranero popular, aceptamos como parte inherente a la propia vida.

Mientras, en Los Ángeles (EEUU) un incendio ha arrasado, hasta el momento, unas 46.000 hectáreas de matorral y amenaza con destruir 12.000 edificaciones , México se prepara para recibir al huracán Jimena y en Sichuan (China) más de 118.000 residentes han sido evacuados y 5.900 viviendas se han derrumbado tras las inundaciones y los desprendimientos de tierras provocados por las fuertes lluvias torrenciales de los últimos días.

¿Fenómenos naturales? No todos.

En la selva amazónica, el pulmón de la Tierra, la mano del hombre se está esforzando, a pasos agigantados, para destruir lo que la Naturaleza construyó durante miles de años. Para ello no dudan en “burlar” los sistemas de vigilancia por satélite que intentan controlar qué zonas están siendo expoliadas.

Pero la deforestación es un mal que se reparte por toda la superficie del mundo, dejando un futuro incierto tras su estela de destrucción. Según la organización
Greenpeace “el planeta pierde anualmente más de 14 millones de hectáreas de bosques. Más de 5 millones de km2 de bosques tropicales han sido talados entre 1960 y 1995, una superficie equivalente a diez veces España”.




Y entre tanta vorágine destructiva aparecen proyectos, casi individuales, que nos pueden parecer utópicos o no, pero en los que algunas personas han sembrado “sus semillas” para el cambio; no un cambio climático hacia lo negativo, sino hacia la Naturaleza.

En Alzira (Valencia), vive Juan Antón, un valenciano que ha creado su propio
“bosque de alimentos” en lo que en su día fue un huerto de naranjos, pero no satisfecho con su propio bosque ha financiado la creación de otro, en el Congo, con el dinero que ha ahorrado dejando de fumar.







Las bases de esta vuelta de tuerca se encuentran en la llamada Permacultura, cuya definición es “término genérico para la aplicación de éticas y principios de diseño universales en planeación, desarrollo, mantenimiento, organización y la preservación de hábitat apto de sostener la vida en el futuro”.

A mediados de los años 70, dos australianos,
Bill Mollison y David Holmgren, comenzaron a desarrollar los planteamientos para crear y utilizar sistemas agrícolas estables como forma de contrarrestar los perjuicios que el uso de los métodos agroindustriales, implantados tras la Segunda Guerra mundial, estaban ocasionando: drástica reducción de la biodiversidad, destrucción de toneladas de suelo de paisajes fértiles, envenenamiento de la tierra y el agua, etc.

Mientras, en otra parte del mundo, en
Isla de Shikoku en Japón meridional, Masanobu Fukuoka, agricultor y microbiólogo, dedicó gran parte de su larga vida, a la “agricultura natural”. Su principal interés fue encontrar un método para que, sin agotar los recursos de la Tierra, se pudieran producir alimentos de calidad en abundancia. Los principios su fórmula se basan en la filosofía del no-hacer (Wu-Wei), o intervenir lo mínimo posible en los procesos naturales para lograr que la fuerza propia de la Naturaleza potencie los resultados en condiciones óptimas de salud y vitalidad.




En su libro “La revolución de una brizna de paja” se concentra la síntesis de método Fukuoka . Se puede descargar aquí

Para leer una entrevista hecha a Masanobu Fukuoka seguir este
enlace

Es posible que “nunca llueva al gusto de todos”, pero es que la lluvia es parte de la Naturaleza que ya estaba aquí antes que nosotros y eso si es inherente a la VIDA.
Seamos brotes verdes para ella y no un rosario de espinas.
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31 de agosto de 2009

Al kiosco


Apenas hemos guardado los últimos vestigios de nuestras “bien merecidas” vacaciones cuando volvemos a odiar ese pitido digital, que nos despierta cada mañana, anunciando la hora del comienzo de nuestro show.

Volver a coger carrerilla, ponerse las pilas, estar atentos, despiertos, con todos los sensores a punto no es tarea fácil tras haber disfrutado de unos días de descanso, olvidándonos de este estrés que o bien acaba con nosotros o nos pasará factura más pronto que tarde.

Hay que volver a organizar horarios, niños, colegios, trabajo, actividades, comidas, ropa, visitas médicas y un sin fin de tareas que hemos descontrolado en esos días de asueto.

Sin duda alguna, Septiembre es un mes complicado para muchos, donde el factor tiempo juega un papel primordial y donde cinco minutos pueden marcar la diferencia entre llegar a tiempo o llegar tarde.

Pero no todo es negativo. Al parecer, estos días de descanso nos han recargado las baterías y, en el fondo, nos vemos capaces de realizar todo eso y mucho más, incluidos los “nuevos propósitos” para este “nuevo curso”.

Así deben pensarlo los responsables de las distintas editoriales que cada año, al finalizar las vacaciones, nos bombardean con nuevos e “¿ interesantes ?” fascículos de casi todo: casas de muñecas, relojes del mundo, coches en miniatura, punto de cruz, el barco de tus sueños, abanicos con arte, aprende inglés, alemán, francés o chino, etc.

Que levante la mano quien no tiene, al menos, el nº 1 de alguno de estos fascículos en su estantería, aquél que por un precio módico no solo te abrió las puertas a una nueva actividad “relajante”, sino que además te regalaba las dos o tres primeras piezas de la colección. Eso sí, el número de personas que realmente se “enganchan” definitivamente es muchísimo menor, no sólo porque el precio aumenta en las sucesivas entregas y por lo difícil que, a veces, se hace para conseguir el numerito del mes, sino porque perdemos interés, pero eso también lo saben las editoriales que sólo publicarán una cantidad mayor de los primeros fascículos, rentabilizando, seguramente, el lanzamiento completo.

Y yo me pregunto con todo lo que se cuece en septiembre ¿quién tiene tiempo para dedicarse a hacer maquetas? ¿por qué ahora nos venden la “idea” y no en pleno noviembre, con el frío, la casa calentita y el sofá?. Sin duda juegan con nuestras baterías recién cargadas y con los nuevos propósitos que cada año, al empezar el curso, nos hacemos: “este año aprenderé algo, estaré más en casa, intentaré relajarme, me lo tomaré con más calma”, no en vano, aún nos queda otro año por delante para volver a decir
“Por fin, VACACIONES”.

Tal y como están las cosas a lo mejor me animo a hacer un cursillo de “Hazte un huerto en tu balcón” y, al menos, los tomates terminarán en mi ensalada y no en una estantería, olvidados y desparejados, como los hilos del último cuadro de punto gobelino que llevan más de una década esperando a que “me de el punto”.
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14 de agosto de 2009

Lo que tiene mi barrio


Uno de los privilegios que tiene estar de vacaciones es poder pasear por tu barrio en diferentes horas y momentos, cosa que no puedes hacer mientras trabajas.

El movimiento de un barrio, de una ciudad o un pueblo, es distinto según va pasando el día, porque los objetivos y tareas son diferentes según sea una hora u otra.

Por las mañanas está el tránsito habitual de quienes salen a hacer la compra, visitan al médico, acuden a comprar el pan o el periódico. Es un movimiento ligero y activo.

Durante las horas del mediodía, están los que llegan a casa a comer, aquel niño solitario que se empeña en jugar al sol y poco más, porque el resto parece haber desaparecido. Apenas hay ajetreo.

La tarde nos trae el ruido de los niños jugando, sus risas y gritos, los paseantes que recorren los mismos caminos a diario para “no perder la forma”, los que salen con sus perros y los que, definitivamente, han acabado su jornada laboral y regresan a su casa. También es momento para los grupos que se apiñan en cualquier esquina o en el banco del parque para charlar animosamente de lo que ha sido su acontecer. Durante estas horas la gente se mueve a un ritmo más pausado, pero es un río constante que no cesa hasta bien entrada la noche.

A mí me encanta fijarme en la gente, ver cómo se mueven, cómo dan sus pasos y en qué gastan sus horas por lo que aprovecho, estos días, para hacerlo con más tranquilidad y llenarme de imágenes.

La última que me ha hecho sonreír es la de un vecino del barrio. Lo conozco desde que era niña y aunque suelo verlo a menudo, nunca antes me había percatado de un sutil detalle: su indumentaria.

Durante los días de invierno apenas llego a verle la cara, enfundado en su abrigo con capucha, tanto si hace frío como si no. Nos damos las buenas noches y cada cual pasa al lado del otro en sentido contrario; él hacia su casa, yo hacia la mía.

Pero en estas jornadas veraniegas, lo he podido ver más a menudo y no he podido dejar de fijarme en sus camisas. Son alegres, de inmenso colorido, lo mismo del tipo hawaianas que con dibujos enigmáticos. Cada día una distinta. Me pregunto dónde se podrán conseguir tantas camisas diferentes pero con ese punto “playero” al mismo tiempo. Y no es que tenga mal gusto, porque siempre combina el color de sus bermudas con los de sus camisas. ¡Tremendas camisas!


Me recuerdan a las corbatas de Carrascal, aquel presentador de noticias que cada día nos invitaba “al filo de la medianoche”.
Eso sí, nadie podrá decir que el “Carrascal” de mi barrio no es el abuelo más veraniego de todos estos contornos.
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7 de agosto de 2009

Destino: staycation


Hoy empiezan mis vacaciones anuales y es posible que el blog también tenga un movimiento distinto.
Algunos días pasaré más seguido, otros me perderé un poco, pero es lo que tiene el STAYCATION, que nunca sabes muy bien cómo, dónde y con quién pasarás la jornada.

Aunque parece el nombre de un deporte urbano, no lo es. Se trata de una nueva palabra, “simbiosis” entre “stay” y “vacation” y que se traduce algo así como: vacaciones que se pasan en casa o alrededores cercanos de la vivienda habitual. Vamos lo de toda la vida pero con más glamour, porque lo dices con “acento”.

Para los que salen a hacer turismo, para los que vamos a practicar staycation, para los que regresan, para los que aún no se han ido, para los que odian la playa, para los disfrutan la montaña, para los navegan, para los que vuelan, para los ecoturistas , para ti, para mi, para todos… sonrían, por favor, porque el mejor destino es la felicidad, esté donde esté.
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6 de agosto de 2009

Sudando la gota gorda


Agua, música, ritmo, mucha gente…. ¿espectáculo veraniego? NOOOO, es fitness acuático, mi nueva “disciplina olímpica”.

He pasado muchos horas de “aburrida” actividad en los últimos meses, corriendo hacia ninguna parte, pedaleando hacia ninguna meta, remando sin puerto o patinando sin patines y siempre me entretenía observando el movimiento en la piscina, a través del gran ventanal. Niños y mayores aprendiendo a nadar, un grupo más especializado entrenando en la calle central, los bebés en la piscina más pequeña y “calentita” y más allá, durante días alternos, un grupo de mujeres parecían pasárselo bomba mientras intentaban seguir el ritmo y los movimientos de su monitor.

Reconozco que desde mi “posición” en la lontananza, me divertía seguir sus clases. Con ellas me evadía del cansancio “mental” que provoca ser consciente del tiempo que llevas y el que te falta para terminar un ejercicio. Ya lo expliqué en su momento:
la relatividad .

Tal vez arrastradas por el calor del verano, que hace de la actividad física “indoor” casi un martirio, o tal vez porque, al igual que yo, observaban desde el gimnasio lo bien que parecían pasarlo en la piscina, el caso es que, poco a poco, habituales compañeras de maquinaria aeróbica fueron buscando el frescor de la piscina, al tiempo que podían compaginarlo con ejercicio.

No fui menos y un día, preguntándole a algunas “veteranas” del
aquagym, me decidí a probar. Tuve suerte durante la primera toma de contacto, porque el monitor que nos tocó ese día es uno de los considerados más “light”, por lo que ni me resultó difícil seguir la clase, durante sus 45 minutos, ni padecí “grandes consecuencias” al día siguiente, a nivel muscular.

No ocurrió lo mismo en la siguiente ocasión. Al compás de música latina, merengue, salsa y, sobre todo, mucho ritmo, nuestro monitor se ensañó con cada uno de nuestros músculos hasta tal punto que cuando fui a salir de la piscina le dije a una de las compañeras “Oye ¿cuántos minutos tenemos ahora?” y ella con cara de no entender nada me responde “Minutos ¿para qué?” “¿Para qué va a ser? Para ¡recoger los trozos que han quedado intactos!” le dije y reímos las dos, mientras ella me decía
“No te preocupes, sólo dos monitores son así, los más duros, el resto se lleva bien”

Ahora, no solo disfruto con la clase, sino que se han animado más y la media de edad se ha rebajado notablemente, con las últimas incorporaciones, pasando de ser una clase de “mantenimiento para abuelas” a otra del tipo “Cañita para jóvenes, no tan jóvenes, maduros y abuelos con mucha resistencia” y además, también, se va animando el sector masculino, aunque aún sigue estando poco representado.

Ayer, nos divertimos muchísimo porque nos tocó hacer
aquastep , de forma que teníamos que unir la coordinación propia del step a la resistencia del agua. Además, Kaly, mi “profe” y atleta aeróbica donde las haya (al menos, dentro del gym) consintió en bajar a la piscina y al final, aunque sigue prefiriendo la actividad aeróbica, dijo “me he reído mucho, no estuvo mal”. Hoy ha confesado que tiene agujetas, jeje.

Ojalá terminara por incluir el deporte dentro de mi rutina diaria, de momento, lo voy intentando, porque aunque algunos piensen que lo hago por algo “físico” a la vista está que no es así. Obligarme a hacer el ejercicio, que trabajando no hago, es intentar mantener “el tipo” en cuanto a salud, para vivir mejor.
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3 de agosto de 2009

3 de Agosto


En un día como hoy, subí por las escalerillas del avión que me traía “de vuelta a casa”.

Atrás se quedaba un pedazo muy importante de mi vida, trece años de historia y una parte de “mi libro personal” finiquitada.

Por delante, un futuro incierto. Sin hogar, sin trabajo, todo ello aderezado con sentimientos que no sabía como gestionar.

Aquí, me esperaba mi familia y su apoyo incondicional, la tierra que me vio nacer, los antiguos vecinos, los amigos que olvidé y, aún así, estaba tan perdida que no sabía por donde comenzar a dar mis nuevos pasos. Todo me resultaba tan nuevo y tan antiguo a la vez; las mismas calles, los nuevos negocios, el mismo barrio, las caras nuevas, que mezclaban mis recuerdos con las imágenes presentes.

Tenía tanto por hacer que mi cabeza no paraba de dar vueltas:

“Primero, el empadronamiento, luego tienes que ir a que te designen médico para el niño. Tienes que abrir una cuenta en el banco. Buscar trabajo pero ¿dónde?. ¿Cuando volveré a tener un techo al que llame hogar?”

Para caminar solo basta con poner un pie delante del otro y comenzar. Y eso hice, poco a poco, caminando.

Habían pasado menos de dos meses desde mi llegada, cuando la primera entrevista de trabajo surgió. No era mucho, pero era más de lo que tenía en ese momento y acepté. Tras cinco años de inactividad laboral, volver a empezar es muy difícil y necesitaba acumular nueva experiencia como fuera.

Un año más tarde ya tenía mi propio hogar, en el mismo barrio por el que corría de niña entre amigos de “toda la vida”.

El motor principal de mi camino ha sido mi hijo, pero sin el apoyo constante y desinteresado de los míos, de mi familia y de la gente que me quiere, lo hubiera tenido mucho más difícil para “volver a empezar”.

Nueve años más tarde, hoy, 3 de Agosto, tengo una vida distinta a la que dije adiós desde aquel avión. Muchas cosas han cambiado; desde mi propia percepción de la vida hasta la forma de enfrentar el camino.

No arrancaré las hojas del libro que quedaron atrás, porque forman parte de mi historia, pero nada me impide seguir escribiendo otras historias, con tinta y caligrafía renovadas.

Este es mi deseo, seguir caminando, un pie delante, otro detrás, y que los senderos se vayan abriendo.
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Bajo el fuego abrasador



Cada verano, el fuego devora miles de hectáreas de terreno en España. Cada año, nos impactan las noticias que nos llegan desde lugares distantes, dentro y fuera del país, donde las llamas se han hecho dueñas de todo lo que encontraban a su paso.

Nunca está demasiado lejos como para estar a salvo.

Hoy, la isla de La Palma sigue ardiendo. La tengo cerca, muy cerca.

Mientras charlo con mis padres sobre el tema, me cuentan cómo antes, en su juventud, se cuidaba el monte. Todos sabían que más que una masa forestal sin más, era un medio para ganarse la vida y había que respetarlo y cuidarlo. No lo veían como un lugar de ocio, sino como algo propio, al que le debían un respeto.

En aquellos días, no quedaba una brizna de pinocha en el suelo de los montes, ni zarzas en los barrancos u orillas de los caminos. Caminaban durante horas para llegar hasta los lugares donde aún quedaba algo, para luego regresar con grandes fardos de leña, pinocha o rastrojos. Se le pedía permiso a los dueños de las fincas para "limpiarlas" de zarzas y otros matojos. Todo se aprovechaba.

De la pinocha lo mismo se hacían colchones, que servía de “cama” para el ganado y después pasaba a formar parte del estiércol con el que se fertilizaban los campos.

El mismo final tenían las zarzas y otras malas hierbas. Se troceaban y pasaban a ser el “cisco” con el que se enriquecían los terrenos antes de cultivarlos otra vez.

“¿Recuerdan Uds. algún gran incendio en la isla, en esos años?” les pregunto.

“No, grandes no. Incendios siempre hubo, pero recuerdo como mi padre junto a 10 o 12 personas más eran capaces de controlar un fuego en poco tiempo. Esa gente si sabía como hacerle frente, porque conocían el monte como la palma de su mano y aunque no tenían medios, como hoy en día, sabían como atajarlo. Mi padre decía que no había que dejar que el fuego llegara a las copas de los pinos y sólo era agricultor”- contesta mi madre.

“Eso sí, el monte estaba limpio, no había nada que ardiera que no fuera árbol o arbusto”- apunta.

“Ahora ya no es así, ni la gente puede ir a buscar pinocha al monte sin permiso, ni se mantiene limpio por las brigadas forestales, ni se conoce como se conocía antes, ni se cuida, ni respeta como lo hacíamos entonces. En cualquier sitio te encuentras hoy una botella, un cristal roto, y eso junto a las altas temperaturas del verano y la cantidad de material combustible que hay en los montes es como tener estopa”- comenta mi padre.

“También hay mucho sinvergüenza, que aprovecha los días más complicados del verano para meterle fuego al monte. Si los pillan no deberían dejarlos salir de la cárcel. Eso no se hace.” – dice mi madre.

“¿Qué solución ven a este tema?”- les pregunto.

“En primer lugar, hay que limpiar el monte, los barrancos, los cortafuegos y orillas de carreteras. No es posible controlar un incendio, sea natural o intencionado, con esa cantidad de material combustible. Aquí, en las islas, el pino no para de generar pinocha, en algunos lugares se alcanza hasta el metro y eso cuando prende no para. Los barrancos están llenos de zarzales. Las orillas de las carreteras no están limpias y no sirven para hacer de cortafuegos improvisados, porque el fuego pasa de un lado al otro enseguida.”

“Pero... ahora los agricultores que quedan tampoco pueden subir al monte a coger pinocha, porque necesitan permisos especiales. Muchos de ellos han desechado la idea porque si lo hacen parecen que son delincuentes.”

“Se tienen que dar cuenta YA, sólo con tener helicópteros no van a conseguir salvar los montes. O se limpia el monte antes de la llegada del verano y se le busca una “salida” a ese material o los incendios cada año serán más y más complicados de apagar”.



Si bien es cierto que la capa de pinocha sobre el suelo del monte evita la erosión y favorece a los acuíferos, también lo es que en verano es como gasolina esperando a ser prendida. ¿Tendrá mi madre razón? ¿No sería inteligente limpiar los montes, las orillas de las carreteras, los barrancos, antes de la llegada de los meses de julio y agosto? ¿No valen nuestros montes tal esfuerzo?. Si los montes se queman, con o sin pinocha, la erosión y la desertización llegarán.

El pino canario tiene una “rara peculiaridad” y es su enorme resistencia al fuego, al parecer, por el grosor de su corteza, que le permite brotar, si el incendio no lo ha calcinado en su totalidad. Somos afortunados por ello, pero
¿debemos relajarnos?
No todo es pino en nuestros montes, también hay gran variedad de flora y fauna autóctona que merece ser protegida de las llamas.
Cada verano los factores a tener en consideración aumentan: las imprudencias humanas, los actos criminales de otros, las altas temperaturas, los vientos desafortunados, los montes llenos de material combustible. Algunos son inevitables, pero ¿y los demás?.

Leyendo la prensa llama mi atención este titular:

Iberdrola Renovables inaugura en Guadalajara la primera central de biomasa forestal de España

Al parecer, han inaugurado una planta de energía renovable, basada en biomasa procedente de los residuos forestales de los bosques de la zona, que podría abastecer de energía eléctrica a unos tres millones de personas.


Entonces, ideas y proyectos hay... y no es que lo digan mis padres.

¿Será falta de voluntad?
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28 de julio de 2009

Como suelas de zapatos


Hace unos meses, vi en la Tv a una abuelita, octogenaria, que mantenía una salud de hierro que, incluso, le permitía dedicar algunas horas de su vida a atender a otros que no tenían tanta suerte, algunos más jóvenes que ella.
Le preguntaron “¿Cuál es su secreto?” y ella, con una gran sonrisa, dijo “Poca cama, poco plato y mucha suela de zapato” y siguió su ruta hacia el hogar donde dispensaba sus cuidados a otros menos agraciados.

El estilo de vida actual, que no el ritmo, nos induce a un tipo de alimentación desordenada, sin horarios, ni programaciones. Caemos, con mucha facilidad, en el error de alimentarnos de manera rápida, de cualquier manera y sin controlar la ingesta de productos. No es extraño, por tanto, que la tasa elevada de colesterol, hipertensión, diabetes, obesidad y otros males, sean pan de cada día entre nosotros.

Nuestra tan manida, pero fantástica, dieta mediterránea se ha diluido entre platos combinados, que más que alimentarnos nos proporcionan verdaderas bombas gastronómicas. ¿Quién diría que ha almorzado mal tras meterse entre pecho y espalda un plato con ensaladilla rusa, croquetas de “lo que sea” y una ración de papas fritas, sin olvidar el pan, el refresco, el postre y el café? Casi nadie, porque confundimos alimentación con ingesta y damos por hecho que “barriguita llena, corazón contento”, lo cual es una barbaridad, porque nuestro corazón lo menos que se sentirá será contento y éso sin preguntarle al resto del organismo.

Por otro lado, nuestra capacidad de movimiento está limitada por la comodidad que nos supone ir en coche a todas partes y enojarnos cuando no conseguimos llegar a la puerta de donde vamos. Gastamos “mil palabras” y unos cuantos litros de gasolina cuando no encontramos aparcamiento, pero ni se nos ocurre ir a pie.

Pero lo peor de todo es que estamos “contagiando” a nuestros hijos de estos malos hábitos. Obsequiamos consolas, en lugar de pelotas. Organizamos rutas en coche, en vez de bicicletas. Premiamos con comidas rápidas, en lugar de ofrecerles un buen potaje de la huerta.

Hoy he visto una noticia que decía así: “Comer poco alarga la vida de los mamíferos”. No me extraña. Comer mucho y mal, la acorta. Hacer poco ejercicio, también.

¿Qué estamos haciendo? ¿Es éste el estilo de vida que queremos tener?

Si algo bueno nos ha traído la crisis es el aumento de los tuppers en los trabajos, de los potajes en los hogares y un poco más de ocio “gratuito” y sano, como jugar a la pelota o corretear por los parques.

A mí, aún me queda lo de dormir poco, porque ¿quién se resiste a dormir unas horitas de más cuando el fin de semana llega? Aunque con estos días de calor casi consigo cumplir el precepto:

“Poca cama, poco plato y mucha suela de zapato”
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22 de julio de 2009

María Magdalena y las aceitunas



El verano era cálido y los días largos eran propicios para que el juego con mis primos se prolongara hasta la hora de la cena.


Esa noche sería especial. Al día siguiente, 22 de Julio, estaba programada una comida familiar para celebrar la festividad de Santa María Magdalena y mi prima Gloria y yo pasaríamos la noche en casa de nuestra abuela.

La casa de nuestros abuelos era muy especial, un remanso rural dentro de una capital que se extendía por los cuatro costados. Entre altos edificios convivían la huerta, el corral con conejos o gallinas (según los tiempos) , los perros de caza de mi abuelo, los jardines, el tanque del agua. Allí aprendí muchas cosas sobre cultivos, viendo a mis abuelos hacer.


Aquella noche, como iba contando, mi prima y yo nos quedamos a dormir allí. Bueno, dormir, dormir es mucho decir, porque se nos complicó la noche.

A Gloria siempre le gustó la coquetería, peinar y maquillar desde que era una cría, aunque en esos momentos, ambas, teníamos alrededor de 9 años . Esa noche todo prometía para que nuestra estancia se convirtiera en un gran salón de belleza improvisado; nuestra cama compartida estaba en la habitación que daba al baño, por un lado, y a la cocina, por el otro.


Y empezó la sesión de "cambio de look". Ella se erigió como la profesional estética y del buen gusto y a mi me tocó ser la cobaya. Me peinó de mil formas distintas, usó el carmín de mi abuela para pintarme los labios, darme colorete y no me lo puso de rimmel porque aún no sabíamos que esos potingues existían.


Cuando nos cansamos de tanto maquillaje y tanta peluquería, recogimos todo y nos fuimos a la cama. Imposible dormir, las risas y las tonterías no nos dejaban conciliar el sueño. Entonces, empezamos a escuchar cadenas que se arrastraban; nuestra imaginación voló y nos arrimamos la una a la otra como si presintiéramos que seres de ultratumba iban a aparecer de pronto. Una media hora más tarde, tras permanecer en silencio aguantando la respiración, caímos en la cuenta de que los ruidos de las cadenas no procedían del más allá, sino de un poco más cerca: era la cadena de Yanky, un precioso pastor alemán que mis abuelos tenían junto al corral.


Tanto trabajo primero y tanto miedo después, nos abrió el apetito, así que nos dirigimos a la cocina a ver qué pillábamos. Habían varias cosas apetecibles, pero lo que acabó por atraernos fue un enorme bote de aceitunas, de unos 5 kgs, que nuestra abuela había dejado sobre la nevera, previsiblemente para la comida del día siguiente. "Entre tanta aceituna ¿quién va a notar que nos hemos comido algunas?" y dicho y hecho, cogimos el bote, llenamos un tazón grande de aceitunas y nos volvimos a la cama. Cuando dejamos de reírnos por la travesura, nos dimos cuenta que no habíamos cogido algún recipiente para meter los huesos. No era plan de volver a encender la luz de la cocina, sobre todo ahora que nos habíamos convertido en "roba-aceitunas". Y allí, sobre una estantería, estaba la solución: una pamela de rafia color rosa de mi abuela. Dimos, a oscuras, dos asaltos más al bote grande de las aceitunas y cuando la pamela no hacía más de huesecillos, el sueño terminó por atraparnos y caímos rendidas.


Cuando nos despertamos, al día siguiente, en la casa ya se advertía movimiento. Habían llegado mis padres y mis hermanas, mi tía estaba a punto de entrar con el resto de mis primos y mis abuelos hacía rato que cumplían con sus tareas habituales, antes de empezar con el festejo.


¡Gloriaaaa, que nos van a pillar! dije mientras le señalaba la pamela repleta de huesecillos. Y entre tanta gente, de un lado al otro de la casa, aprovechamos un momento y nos deshicimos de la "prueba del delito".


¡Qué inocentes!, antes de abrir los ojos ya mi abuela había reparado en el "terrible bajón" que había dado el bote de las aceitunas. Lo malo de ésto, es tener "antecedentes penales" sobre el abuso de sustancias oleícas, como era mi caso. Mi abuela sabía, perfectamente, que me encantaban las aceitunas. Así que sumando dos más dos el resultado era evidente "Éstas en lugar de dormir se han pasado la noche "chascando" aceitunas". Pero no nos dijo nada, por lo cual, llegamos a pensar que saldríamos "sin cargos" de aquella travesura y así nos los hizo creer durante toda la mañana.


Cuando todos estábamos alrededor de la mesa en la terraza, preparados para degustar los manjares de aquella mesa humilde, pero festiva, mi abuela dijo señalando el pie de uno de los limoneros que estaban en el jardín "Anoche, alguien se comió un PAR de aceitunas" y todos se giraron hacia el limonero, tan cercano a la terraza que casi se podía tomar zumo de sus limones sin levantarse de la mesa. ¡Qué tontas! con las prisas por despejar la pamela de mi abuela, habíamos caído en el error de pensar que "aquel puñadito" de huesecillos no se iban a notar en el jardín.

Los ladrones no entran a comerse las aceitunas de la gente, así que no había nadie más, excepto nosotras, que pudieran haberse dado tal atracón con alevosía y nocturnidad. Las risas de los mayores contagiaron a los más pequeños y la mesa se convirtió en una sesión de risoterapia explosiva.


Nuestro "aceitucinio" ha sido recordado por toda la familia durante años y mi abuela, que en paz descanse, cada año, en el día de su santo, mientras su memoria se lo permitió, se reía muchísimo al imaginarnos comiendo aceitunas y metiendo los huesos en su pamela de rafia rosa.


Aunque ya no está con nosotros, mi abuela Nena, como la llamábamos sus nietos, nos dejó muchas cosas y hoy, me gustaría recordar algo que siempre decía de mi: "Es mi nieta, mi ahijada y se llama como yo".


Pues sí, mi nombre de pila es María Magdalena y hoy fue día de nuestro santo y sí, lo admito, me encantan las aceitunas ¿pasa algo?.


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20 de julio de 2009

La Luna y yo



Pues si, hace 40 años, allí estaba yo también, con apenas 7 meses de edad, entre biberones y purés, pero no me enteré de nada.


Mis padres recuerdan el momento. Aún no había televisión en casa y Doña Ascensión, la esposa de Don Pedro, el fotógrafo, nos invitó a la suya, un piso más abajo, para que mi familia también pudiera ser testigo de las imágenes que llegaban del "primer hombre en la Luna", aquella noche calurosa del verano de 1969.


Sin duda, tuvo que ser un gran acontecimiento del que se estaría hablando durante semanas, pero como era tan pequeña, no me enteré.


Y crecí un poco hasta ser consciente de su existencia allí arriba, en el cielo, desde aquel "observatorio doméstico", que era la gran azotea que precedía al ático donde pasé mis primeros años.


Algunas veces se mostraba grande y blanca, tanto que parecía que podía tocarla con mis manos. Otras, se tornaba lejana y pequeña, como los barcos que se alejan en el mar. Algunas otras, era escurridiza y traviesa, jugando entre las nubes. Pero siempre, misteriosa, colgada en el infinito, mostrando su sonrisa y, a veces, colores distintos.


Luna llena, luna nueva, creciente, menguante....las cuatro lunas, todas la misma y tan cambiante; La luna de ir a dormir, la luna de verano, la luna de los cuentos y las canciones, la luna de mis sueños.


Pero un día, en el colegio, me enteré, casi por casualidad, que dos señores, uno llamado Armstrong y otro, Aldrin, habían pisado la Luna unos años antes. Casi no me lo podía creer "¿en serio?" . Llegué a casa un poco contrariada. "Pero ¿cómo es posible que no me enterara de una cosa así?".


No tardé en hallar la respuesta. No me había enterado porque apenas tenía 7 meses cuando aquello sucedió y lo que para Armstrong fue "Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad" para mi no supuso más que "una vuelta más a mi chupete".


"Estuve allí", pero no me enteré.
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15 de julio de 2009

Gripe A (H1N1)



Cuando comenzaron a surgir las primeras noticias sobre la, entonces llamada, “gripe porcina” en México escribí sobre mis miedos y dudas al respecto, cuando aún no había sido declarada la pandemia. Han pasado dos meses y medio desde aquel post y las dudas que me planteaba siguen estando vigentes.

Desgraciadamente, la
pandemia fue declarada por la OMS el día 11 de Junio de 2009 y desde entonces no han parado de conocerse nuevos casos a lo largo y ancho del mundo.

El último informe del Ministerio de Sanidad y Consumo, con fecha de hoy, 15 de Julio de 2009, cifra en 1194 los casos en España y alrededor de 120.000 en el mundo, que han provocado 589 defunciones, por el momento.
En él también se puede leer que “por el momento los grupos de población más afectados son adolescentes y adultos jóvenes”, por lo que mi “primera preocupación” cuando aparecieron los primeros casos continúa sin esclarecerse. ¿Por qué afecta más a la gente joven cuando, normalmente, son otros grupos los considerados de “riesgo” en caso de una oleada de gripe?. De momento no se sabe o no se ha dicho.

Aunque las noticias que van apareciendo sobre la gripe A o A/H1N1 se entremezclan entre las noticias económicas que tanto nos preocupan, o los sucesos diarios o los últimos fichajes para la nueva liga de fútbol, si uno le pone un poco de atención no dejan de ser
“esclarecedores y preocupantes".

El pasado 10 de Julio, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez,
anunció que el Gobierno ha adquirido 37 millones de vacunas, cuando estén disponibles, y también 3 millones más de antivirales que se suman a los 10 millones que ya se disponen.
En dicho comunicado se dice que estos 37 millones de vacunas cubrirán al 40% de la población española.

El Instituto Nacional de Estadística publicaba el pasado 3 de Junio de 2009
el avance del Padrón municipal a 1 de Enero de 2009 donde se dice que “la población empadronada en España supera los 46’6 millones de personas a 1 de Enero de 2009”.

A ver si me salen las cuentas; la ministra dice que las vacunas cubrirán “al 40% de la población”. 46.600.000 habitantes por el 40% = 18.640.000 habitantes. Vaya, algo no cuadra y no es mi calculadora científica.

Curiosamente, en la página de la OMS, encuentro una
nota informativa, fechada el 13 de Julio, sobre las recomendaciones respecto a las vacunas contra la gripe A (H1N1), que se publica tras la reunión especial que celebró el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (SAGE) el pasado 7 de Julio y donde se recoge lo siguiente, además de otras consideraciones:



“...Habida cuenta de que se considera imparable la propagación del virus, la vacuna será necesaria en todos los países. El SAGE recalcó la importancia de esforzarse en lograr la equidad entre los países por lo que se refiere al acceso a las vacunas elaboradas para hacer frente a la gripe pandémica (H1N1) 2009.
El grupo transmitió las siguientes recomendaciones a la Directora General de la OMS:

Como primera medida prioritaria para proteger la infraestructura sanitaria esencial, los países deberán vacunar al personal que presta asistencia. Como al principio no habrá vacunas suficientes, se puede considerar la conveniencia de adoptar un método gradual para vacunar a determinados grupos. El SAGE propuso los siguientes grupos, no sin antes subrayar que los países tienen que determinar el orden de precedencia según las condiciones específicas de cada uno: las embarazadas; los niños mayores de 6 meses de edad que padezcan algún trastorno crónico; adultos jóvenes sanos de 15 a 49 años de edad; niños sanos; adultos sanos de 50 a 64 años; y adultos sanos a partir de los 65 años.”


Ahora nos vamos entendiendo mejor. O sea, que los 37 millones de vacunas ya tienen destinatarios o, al menos, unos grupos de riesgo más definidos que hasta lo que ahora nos venían diciendo. Oiga, siendo así ya me quedo más tranquila... o ¿tal vez no?. Sigo leyendo el siguiente párrafo y dice:

“Como algunas vacunas contra la gripe pandémica se producen mediante tecnologías nuevas y su inocuidad no se ha evaluado ampliamente en ciertos grupos de población, es muy importante implantar mecanismos de farmacovigilancia de la mayor calidad posible. Además, será imprescindible que los resultados de los estudios de capacidad inmunógena y de inocuidad y eficacia efectuados con posterioridad a la entrada en el mercado se intercambien rápidamente en la comunidad internacional para que los países puedan hacer los ajustes pertinentes en sus normas de vacunación.”


Ahí dejo eso.

Pero como aún quedan meses para que la vacuna llegue, centrémonos en los antivirales. Volvamos a los datos: 10 millones que ya teníamos más los 3 millones que han comprado son un total de 13 millones. Desconozco totalmente su administración y si sólo es necesaria una unidad por paciente para su tratamiento. Pongamos que si. 13 millones de “potenciales” enfermos tendrían su dosis, pero claro, somos 46.6 millones de españoles.

Si lo pensamos bien y recordamos lo que siempre hemos escuchado “la gripe se pasa en cama, con medicación dura 7 días y sin ella, una semana”. Es decir, nadie nos recetó un antiviral anteriormente. “Beba mucho líquido, controle la fiebre y mantenga reposo”. Y así es como se sigue actuando, excepto en los casos en los que se requiere hospitalización tal y como se desprende del
“Protocolo de Vigilancia Epidemiológica de casos humanos de infección por nuevo virus de la gripe A (H1N1)* y Actuaciones ante la detección de casos” y que se puede leer en la página del Ministerio de Sanidad y Consumo .

Por tanto, no es de esperar que todos los españoles que podamos enfermar tengamos necesidad de recurrir a la administración de antivirales.

En todo caso, como la ignorancia no siempre es fuente de felicidad, como algunos opinan, no estaría de más acostumbrarnos a seguir las instrucciones para “minimizar” el riesgo de contagio o tener clara la forma de actuación en el caso que sospecháramos que estamos enfermos o alguien de nuestro entorno pudiera estarlo.


A lavarse las manos
B
oca y nariz tapadas al estornudar o toser
C
asa: si tienes gripe evita lugares con mucha gente ¡quédate en casa!
D
uerme bien, ten una alimentación saludable, bebe agua, lleva una vida físicamente activa, evita las bebidas alcohólicas y el tabaco
E
nfermedad: si empiezas a tener síntomas de gripe llama a los servicios sanitarios de tu comunidad autónoma *


(*) El teléfono de contacto en todas las Comunidades Autónomas es el 112 excepto en las siguientes:
· Andalucía: 902 505 060
· Aragón: 112 y 061
· Baleares: 061
· Canarias: 012
· Cantabria: 942 35 74 18
· Cataluña: “Sanidad responde” 902 111 444
· Galicia: 061
· Comunidad Valenciana: 900 161 161
La mayoría de los casos de gripe pueden ser tratados por los profesionales del Centro de Salud.


Les recomiendo a todos leer con atención las medidas preventivas que el Ministerio de Sanidad nos enseña y que pueden ver en este enlace:

http://www.msc.es/servCiudadanos/alertas/recomendaciones.htm


Seamos responsables con los demás y con nosotros mismos.
La Salud es Patrimonio de todos, hagamos lo posible por conservarla.
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8 de julio de 2009

Que viene el asesor

Desde hace unas semanas, visito los blogs de dos de mis seguidores: Josep Julián con “La inteligencia de las emociones” y Pablo Rodríguez con “Economía sencilla” .
Son blogs dedicados a comentar sobre temas de empresa, pero sobre todo buscando las claves y fórmulas para que el trabajo en equipo adquiera las motivaciones suficientes y saludables que, a su vez, ayuden a proporcionar crecimiento laboral en todas sus expresiones.
Reconozco, abiertamente, que no tengo ningún tipo de formación al respecto, pero lo suplo con un poquito de sentido común y observando a mi alrededor. Aún así, me maravilla pensar que existen empresas que cuenten con los servicios estas personas, en calidad de asesores, para intentar que las relaciones verticales mejoren con el fin común de “hacer empresa”.
Si le preguntáramos a cualquiera si cree necesario cuidar de su hogar, de los miembros de su familia, del inmueble donde habitan, de las necesidades que surjan y de los proyectos que pretenden emprender, estoy segura que todo el mundo diría
“Claro, es nuestra casa, nuestra familia, es nuestro HOGAR”.
En cambio, si cambiara la pregunta e hiciera la propia con “tu empresa”, “el lugar donde trabajas”, “tus compañeros”, “de los proyectos que se realizan” no creo que todos dijeran:
“Claro, es nuestro trabajo, es nuestra gente, es nuestra EMPRESA”.

No me refiero a la “propiedad” de la empresa, que todos sabemos que no es nuestra, pero si estaremos de acuerdo en que tener trabajo nos permite mantener nuestras propias “propiedades”.

Pasamos gran parte de nuestra vida dentro de una empresa, muchas horas al día, incluso, muchas más que las que podemos compartir “activamente” con nuestras familias y amigos, pero pocas veces intentamos que el lugar donde ganamos nuestro pan se convierta en un lugar donde el ir no signifique un gran sacrificio.

Puede que muchos estén pensando “ ¿y qué culpa tengo yo, si ni pincho, ni corto, ni la casa es mía? Yo solo trabajo” y no le faltará razón, porque una empresa no sólo funciona con sus operarios. Para que esto ocurra tiene que existir el “sentimiento” de EMPRESA, como para que funcione un hogar tiene que existir el “sentimiento” de FAMILIA.

Es una cuestión delicada, porque para que los argumentos que exponen, tanto Joseph Julián como Pablo Rodríguez en sus blogs, puedan darse, tiene que existir verdadera voluntad por parte de todos, desde arriba hasta abajo, desde el “gran jefe” hasta el último de miembro de la plantilla y, desgraciadamente, esto no ocurre tan frecuentemente como debería, ni se dan las circunstancias para que se produzca.

Mientras se sigan administrando las empresas sólo en base a números y cuentas, olvidándose de las personas que logran que los balances cuadren, no se logrará el “sentimiento” de EMPRESA y sin él, seguiremos pensando que “es una lata el trabajar”, siempre que nos dejen, porque tal y como está el panorama, “quien tiene un trabajo, tiene un tesoro”
Seguiré aprendiendo cosas nuevas en estos blogs y en los de sus seguidores, porque “el saber no ocupa lugar” y puede ser que algún día suene una campana que diga “que viene el asesor”.
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29 de junio de 2009

Sin buena mano de obra

Ayer, durante un momentito que mi sobrino le dio tregua a su película de Mickey preferida, pude ver un trocito del programa “Callejeros viajeros: Dubai” de la cadena Cuatro.

Reconozco, abiertamente, que no lo vi en su totalidad porque, como era de esperar, mi sobrino reclamó su momento de relax televisivo. Pero en los pocos minutos que si pudimos verlo, escuché algo que no ha dejado de rondar en mi cabeza.

Las “anfitrionas” españolas guiaron a los reporteros de Cuatro, en primer lugar, por sus “fastuosos penthouses” y luego sobre algunas obras a pie de playa artificial donde obreros indios se encargaban de transformar el desierto en una ciudad de “lujo y exceso” arquitectónico.

En un momento concreto la reportera le pregunta al grupo de trabajadores indios cuántas horas trabajaban al día y cuántos días a la semana, a lo que ellos respondieron “9 horas al día, 6 días a la semana” pero cuando le preguntó:

“¿Cuánto cobras al mes?”- una de las españolas afincadas en Dubai dijo “¡No, no, no se puede!” mientras la otra española apuntaba “Lo que es importante es que tienen una sonrisa en la cara”.

“¿Por qué es tan tabú el tema del sueldo de esta gente?”
pregunta, acertadamente la reportera y no se pierdan la respuesta de la española:

“Todo el mundo sabe lo que hay en Dubai, no levantas una ciudad así en dos días...SIN BUENA MANO DE OBRA

Más adelante podemos descubrir por qué estos obreros indios, que junto a los pakistaníes que hay en Dubai conforman el 80% de la población, SONRÍEN. Viven hacinados, más de 25 personas, en cuchitriles, sin posibilidad de higiene, sin que les dejen usar el aire acondicionado durante todo el día, sin más aliento que trabajar para cobrar unos 200 euros al mes. Es que si no sonríen ¿qué les queda?.

Está claro que Dubai es el ejemplo más extremo donde los haya; lujo, pobreza, expansión, hacinamiento, excesos y escasez.

Pero en mi cabeza no deja de resonar esta frase “no levantas una ciudad así en dos días, SIN BUENA MANO DE OBRA”; mano de obra barata, bajo coste, sin derechos.

Aquí les dejo el vídeo, que ya han colgado en Youtube, para que puedan verlo por si mismos. En el minuto 03’24’’ está la frase del día.







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25 de junio de 2009

Niños, vacaciones y trabajo


Ayer me comentaba mi hermana acerca de la cantidad de niños que, estos últimos días, se ven jugando, por la tarde, en la plaza de su comunidad de vecinos, al cuidado de sus abuelos o familiares.

El curso escolar ha terminado y lo que para ellos es el comienzo de un verano lleno de diversión y descanso, para sus padres, en cambio, es un periodo de incertidumbre, de ajustes, cambios de horarios, petición de favores, stress acumulado. Eso sí, lo que tanto padres como hijos piensan al unísono es que será un “verano interminable”.

A nadie se le escapa que la situación familiar en este momento es muy distinta a la que en tiempos pasados era la habitual en las familias españolas. Ahora hay de todo “como en botica”: matrimonios, padres y madres divorciados o separados, padres y madres solteros o viudos con lo cual las “temidas” vacaciones se convierten en un galimatías casi imposible de resolver.

¿Qué hacemos con los niños durante tres meses?, porque aunque el curso comience en septiembre, no lo hace a pleno rendimiento de horas lectivas, servicios de comedor y actividades complementarias hasta casi llegado el mes de octubre.

Y ahora
¿qué hacemos con los niños?

Las familias aplican distintas fórmulas para poder seguir cumpliendo con sus obligaciones laborales al tiempo que dejan a sus retoños a buen recaudo.

Algunos, los más afortunados, aún recurren a los abuelos y éstos, a pesar de su edad, de sus achaques y falta de energía, los acogen durante el periodo estival y, en el mejor de los casos, hasta que los padres pueden disfrutar de sus periodos de vacaciones.

Otros se exprimen en el seso y la cartera para encontrar algún centro o campamento de verano donde sus hijos puedan pasar parte del tiempo mientras sus padres siguen trabajando.

También los hay que se “reparten” los días de vacaciones, de manera que el padre pueda atenderlos durante un mes y la madre durante el otro, pero siempre quedan flecos de días y horas donde la improvisación es la madre de las soluciones. A esta opción es la que recurren los padres separados “contigo un mes, conmigo el otro y ya veremos como nos arreglamos el resto”.

Siempre les queda pensar “ya crecerán”, pero mientras tanto ocurre, lo que está de manifiesto es que la sociedad española ha ido por un lado y las realidades sociales por otro. Son muy pocas las familias que pueden “sobrevivir” con un solo sueldo, en el caso de las parejas o matrimonios, pero si hablamos de las familias monoparentales no queda otra que trabajar, sí o sí.

Algo tendrá que cambiar y los viejos esquemas de los periodos escolares, aceptados y acatados durante décadas, tendrán que sucumbir y renacer con los nuevas realidades.


No es lógico que durante cada periodo vacacional escolar (y son varios: Navidad, semana blanca o carnavales, Semana Santa, verano más el resto de días no lectivos) las familias se vean abocadas al más alocado disparate intentando, por un lado, cumplir con sus obligaciones paternas, proporcionando cuidado y atenciones a sus hijos y, por otro, con sus obligaciones laborales.


Ya no se puede hacer como hacían con nosotros, que nos daban la llave de casa mientras tus padres trabajaban, porque a poco que algo se tuerza intervienen los Servicios Sociales y por cumplir con tu jornada laboral sin tener otra opción para cuidar de tus hijos en tu ausencia, te puedes ver con una denuncia por abandono.

Señores, no se puede estar “a dios rogando y con el mazo dando”, si las jornadas laborales son, cuando menos, de 8 horas diarias, más desplazamientos, durante 11 meses al año y dadas las circunstancias para sobrevivir todos tenemos que trabajar, máxime cuando tienes hijos a tu cargo, hay algo que no cuadra. ¿No les parece?.

La realidad social ha cambiado y no podemos seguir obviándolo.
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19 de junio de 2009

Me crecieron los enanos


Al mismo tiempo que la primavera nos regala el color de sus primeras flores, durante el mes de abril, llegan los “becarios” a mi vida. Son chicos y chicas que están a punto de acabar sus estudios y vienen a hacer prácticas de empresa.

Durante los primeros días, entre compañeros, decimos cada año “Otra vez nos ha tocado”, porque el tener que convertirnos en enseñantes obligados, durante un par de meses, se nos hace pesado, o no tenemos ese don para explicar, o, simplemente, pensamos que nos retrasa nuestro propio trabajo, del que sí tenemos que dar cuenta.

A mi, personalmente, no me cuesta mucho, pero reconozco que las tareas que realizo no son las que ellos han imaginado que van a aprender durante sus días de prácticas, aunque, indudablemente, mi trabajo forma parte de las empresas para las que se han estado preparando durante algunos años, aunque nadie se lo advirtiera.

Estando así las cosas, no me extrañan nada las caritas que ponen cuando, desde el primer día, les enseñan el departamento y alguno de ellos queda a mi cargo durante unos días para que lo aleccione sobre los pormenores de mis funciones, hasta que le toque a otro pasar por la misma experiencia.

Lo primero que noto es un atisbo de decepción, como quien se está diciendo “pero si yo lo que quiero ser es....”, y por eso intento explicarles la importancia que tiene el saber cómo funciona este departamento de cara a su futuro trabajo en otros. No me gusta que sus ilusiones se rompan nada más empezar y que poco a poco vean que podrán practicar en otros departamentos. Intento que no se desanimen y que comprendan que las empresas no están formadas por profesionales “individuales” sino que es labor de un equipo de personas, más o menos numeroso, pero siempre ligado a un fin común: terminar un producto lo mejor posible.

Poco a poco y según pasan los días, aquél departamento tan ajeno a sus sueños, se convierte, poco menos que, en su lugar de referencia, donde acuden al entrar en la empresa, donde dejan sus pertenencias, donde regresan cuando no saben que hacer, donde me encuentran y compartimos de todo un poco; charla, conocimientos, problemas, la hora de comer, risas, dudas, etc. y de tener uno sólo, acabo con todo el grupo reunido.

Cada primavera llegan hasta mí “nuevos becarios” desconocidos y cuando el verano está a punto de empezar, al término de sus prácticas, los que se van, no son los mismos que llegaron; los que se van son “mis nuevos amigos”, aunque, en algunos casos, les llego a doblar la edad.

Entre ayer y hoy me he tenido que despedir de “mi grupo”: Alberto, Gabi, Judith. También lo he hecho con otro grupo con el que no tuve tanta relación: Chaxi, Héctor y Camilo. Pero siempre me quedo con una sensación extraña, como quien deja marchar a alguien especial, como si me hubieran "crecido los enanos", y al mismo tiempo me alegra saber que han acabado su formación y ante ellos se abre otro nuevo mundo de expectativas. No me gusta que sea un “adiós definitivo”, sino un “hasta luego” y, al mismo tiempo que reparto besos y abrazos, les doy mi email, para que sepan que no fue una obligación para mi, sino todo lo contrario, una experiencia que siempre me enriquece, que me contagia su ilusión, que me hace olvidar que un mal día de abril dije
“Otra vez nos ha tocado”.

Para Alberto, Gabi y Judith: mis mejores deseos para vuestro futuro y espero que algo de lo que compartí con ustedes les quede, aunque sea para provocar una sonrisa al observar, con interés, las “cosas” que muestra el reflejo de un espejo en una foto. Con todo mi cariño.
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16 de junio de 2009

16 de Junio

Segunda quincena de Junio, se acercan las vacaciones y los niños ya están soñando con los eternos días de asueto, sol y diversión sin fin. Esto no ha cambiado en los últimos “taytantos” , pero esa vez, con apenas seis años, yo tenía otra ilusión, algo distinto, un “no se qué”.

Amanecer del 16 de Junio:

“Papá nos ha despertado hoy. Es raro, porque siempre lo hace mamá. Nos explica que ella está en el hospital porque “el bebé” viene de camino.
En su afán por atendernos lo mejor posible, intenta preparar la leche en polvo para nuestro desayuno, pero algo sale mal y lo que debería ser leche reconstituida apenas es una mezcla grumosa. No hay solución, o esto o nada, se está haciendo tarde para llegar al colegio”.



Durante la mañana en el colegio:

“Me pregunto a cada rato si cuando regrese a casa sabré, por fin, si seré hermana de una niña o de un niño. Esas cosas no se saben hasta que nacen. Las horas se hacen eternas. No tengo reloj pero si tuviera no dejaría de mirarlo a cada rato. Estoy nerviosa. Mamá no está en casa y eso me preocupa.”


Salida del colegio:

“Mi hermana mayor se apresura a recogernos, a mis primos y a mi, a la salida del cole. Enfilamos camino a casa de mi abuela, pero antes debemos dejar a mis primos en el portal de su casa. Tras hacerlo y llegar casi al final de la calle, una señora nos avisa que alguien nos llama desde el otro extremo, desde una azotea. Mi tía grita a lo lejos “ya nació, ya nació, es una NIÑA” y mi hermana me decía “Nenita, es una niña, ya nació, es una niña”.

Voy a “conocer” a mi hermana:

“Me he puesto el mejor de mis vestidos, quiero que mi hermana y mi madre me vean guapa. Es muy bonito, blanco, con mangas azul marino y topitos blancos. Creo que les gustaré. No me dejan entrar, soy muy pequeña, tengo que esperar en la calle. Me siento triste porque quería verlas, a ella, “mi hermanita” y a mi madre. Espero un rato y se hace el milagro. Allí están, tras el cristal, allí arriba, las veo. Mi madre la lleva en brazos. Las veo. Puedo adivinar su carita menuda, aunque ella no puede verme. Acabo de conocer a mi hermana, la que había soñado e imaginado durante tantos meses. Ahí está y es MI HERMANA”.


Ese día, 16 de Junio a las 2 de la tarde, mi vida cambió para siempre. Dejé de ser la hermana pequeña para transformarme en la hermana del medio y ese verano fue uno de mis mejores veranos, porque mi hermanita se había convertido en lo MEJOR que nos había pasado.

Para la “niña de mis ojos” en su cumpleaños. Muchas felicidades, hermana. Sin ti mi vida sería otra; menos mal que estás en mí.
Somos agua del mismo cielo, tu dulce, yo salada... Por todas esas veces que has sido "mi puerto". Te quiero, hermana.




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5 de junio de 2009

Hasta que la tinta nos separe...


Ayer me quedé embobada mirando la pierna de un muchacho que caminaba delante de mí.
Exhibía unas letras góticas enormes, en sentido descendente, desde su gemelo hasta el tobillo, que ocupaban toda la parte posterior de su pantorrilla.

Confieso que me costó leerlas; entre el movimiento de su pierna, mi propio andar, esa grafía ornamentada y la escasa luz de la mañana recién estrenada, apenas podía intuir su significado. Entornando un poco más mis ojos, en un débil esfuerzo por agudizar mi vista, pude ir descifrando el mensaje, letra a letra:
“Á N G E L A”

No hay nada extraño en llevar el nombre de alguien tatuado en la piel; hoy en día, donde los tatuajes en todas sus variantes están de moda, no resulta ni siquiera llamativo, tal como hubiera pasado años atrás. Pero algo rondaba mi cabeza mientras contemplaba aquellas letras, tan grandes, tan rotundas, tan …“Á N G E L A” en todo su esplendor.

¿Quién sería ella?, solo cabía la posibilidad de que fuera su pareja, pero…¿sería su actual pareja o alguien del pasado?. ¿Habría alguien tan irreflexivo como para tatuarse el nombre de una persona sin saber si estaría ahí para siempre?. ¿Mantener una presencia tan indeleble, una marca tan definitiva, tan evidente, tan explícita, tan visible?. Un recuerdo aleteó en mi cabeza; una antigua canción que, cuando era niña, cantaba mi madre: “Ella me quiso y me ha olvidado, en cambio yo no la olvidé…y para siempre iré tatuado, con este nombre de mujer”.

De repente el sentido y la imagen del tatuaje cambiaron en mi mente. No eran simplemente letras, ni un nombre, ni la pericia de un tatuador; Era algo más profundo: un símbolo, una promesa, un compromiso.

Sorprendentemente…hoy, donde nos falta voluntad para comprometernos, donde enarbolamos la bandera de nuestra libertad como si fuera el pendón de nuestra fortaleza, donde mi “Yo” es más “mío”, cuanto tu “” es más “tuyo” y cada cual en su casa porque mi armario no lo comparto, parece increíble que surjan fórmulas alternativas a los clásicos anillos de compromiso, a los votos del matrimonio o a las promesas de amor eterno, pero ahí están, delante de nuestros ojos y bajo la etiqueta de “moda”… en un solo nombre, muchas palabras:
“Á N G E L A”

Por ti Ángela, por ser la persona a la que amo profundamente, porque creo que estaré siempre a tu lado y tú al mío, porque quiero que todo el mundo lea que sólo eres tú, así en grande, impreso con estilo clásico.. Por ti, mi amor, para que te sientas orgullosa cuando vayas a mi lado, porque todos podrán ver que soy tuyo. Esta marca es una prueba de amor sincero, verdadero, porque no se borra, no se quita. Te quiero tanto que hipoteco mi piel a tu nombre para el resto de mi vida y si por algún motivo llegaran a existir otros nombres, el tuyo, amor mío, será el legítimo, el mejor, el primero…
hasta que la tinta nos separe”

Sólo un apunte:
¿Te quiero más cuanto más grandes son las letras o lo que cuenta es la intención?



NOTA: Este post lo publiqué anteriormente en un blog donde colaboré, pero lo quise compartir con todos vosotros.
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