
La lectura de un post de Josep Julián titulado “La felicidad”, me hizo rescatar un libro casi olvidado que conservo desde mis tiempos de bachiller y que fue lectura recomendada de la clase de Filosofía.
“La conquista de la felicidad” fue escrito por Bertrand Russell en 1930 y, a pesar, de haber llovido durante 80 años, muchas de las reflexiones de este filósofo a cerca de esta búsqueda “universal” siguen estando vigentes.
Han pasado más de 20 años desde aquel mes de mayo, caluroso, en el que al salir de clase nos fuimos, directamente, a la playa a disfrutar del sol, la arena y el mar, pero también con la “sana” intención aprovechar parte de la tarde en la lectura, aunque fuera de forma “ligera” y con más ganas de darnos un chapuzón que de subrayar lo “importante”del libro.
He vuelto, lápiz en mano, a recorrer sus páginas y he encontrado otras líneas interesantes, pero me ha sorprendido gratamente que lo subrayado, en su momento, sigue pareciéndome importante veinte años después.
“Yo creo que esta infelicidad es debido en gran parte a ideas erróneas, a una ética y unos hábitos de vida equivocados, que conducen a la destrucción del impulso y del deseo natural de las cosas posibles”.
“La envidia es la más desafortunada de las peculiaridades de la naturaleza humana”.
“Quien quiera aumentar la felicidad humana debe querer aumentar la admiración y disminuir la envidia”.
“El hábito de pensar por comparaciones es fatal”.
“En realidad, la envidia es la manifestación de un vicio en parte moral y en parte intelectual, que consiste en no considerar nunca las cosas en sí mismas, sino en sus relaciones”.
“El tiempo empleado en concertar la armonía entre las diferentes partes de la propia personalidad, es tiempo útilmente empleado”.
“La felicidad que satisface completamente va acompañada del pleno ejercicio de nuestras facultades y de la total verificación del mundo en que vivimos”.
“Ten en cuenta que tus razones no son siempre tan altruistas como te parecen”.
“No sobreestimes tus propios méritos”.
“No creas que los demás van a interesarse por tu persona tanto como tú mismo”.
“No supongas que hay mucha gente que se preocupa por ti lo bastante como para tener especial interés en seguirte”.
“Al que se tiene en poco, le asombra constantemente su éxito, mientras que el que se estima en mucho le sorprende constantemente su fracaso”.
“Lo que contribuye a la felicidad es observar a la gente y encontrar placer en sus rasgos individuales, procurar ayudar a sus intereses a las personas con quienes nos ponemos en contacto, sin el deseo de influir en ellas ni de asegurarnos su entusiasta admiración”.
“El sentido del deber es útil en el trabajo, pero ofensivo en las relaciones personales”.
“El querer a muchas personas espontáneamente y sin esfuerzo es, tal vez, la mayor fuente de felicidad personal”.
“El secreto de la felicidad es éste: que tus intereses sean lo más amplios posibles y que tus reacciones hacia cosas y personas interesantes sean amistosas en vez de ser hostiles”.
“La vida es demasiado breve para interesarnos en todo, pero está bien que nos interesemos por todo cuanto puede hacernos pasar el tiempo”.
“(...) el que se interese por algo está mejor adaptado al mundo que aquel a quien no le preocupa nada”.
“El hombre normal conserva su interés por el mundo exterior y gracias a ello la vida le atrae, a menos que se le coarte su libertad”.
“(...) la naturaleza humana es de tal condición que da su simpatía con mayor facilidad precisamente a quienes con menos ahínco la demandan”.
“El mejor tipo de afecto es recíprocamente vital; recibe el cariño con alegría y lo da sin esfuerzo”.
“El hombre cuyo interés se extiende más allá de su vida personal, está capacitado para mayores desenvolvimientos”.
“Siempre que no sea excesivo, el trabajo más desagradable es menos penoso para la mayor parte de las gentes que la ociosidad”.
“El empleo inteligente del tiempo es una de las conquistas más recientes de la civilización”.
“Dos son los elementos que hacen el trabajo interesante: primero, el ejercicio de una aptitud; segundo, la construcción”.
“Todo trabajo puede ser agradable siempre que la habilidad requerida sea variada o susceptible de mejora indefinida”.
“Por muy importantes que sean nuestras preocupaciones, no deben inquietarnos durante todas las horas de vigilia”.
“Aún en las vidas más dichosas hay épocas en que las cosas no van bien”.
“(...) la felicidad para la mayor parte de los hombres y mujeres debe ser una conquista mas bien que un regalo de los dioses, y en esta conquista debe desempeñar papel muy importante el esfuerzo exterior e interior”.
“El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que tiene afectos libres y se interesa en cosas de importancia, el que asegura su felicidad gracias a esos afectos e intereses...”
“Vida feliz es, en gran parte, lo mismo que vida buena”.
“El hombre feliz es el que no siente el fracaso de unidad alguna, aquel cuya personalidad no se escinde contra si mismo ni se alza contra el mundo. El que se siente ciudadano del universo y goza libremente del espectáculo que le ofrece y de las alegrías que le brinda, impávido ante la muerte, porque no se cree separado de los que vienen en pos de él. En esta unión profunda e instintiva con la corriente de la vida se halla la dicha verdadera”.
Me ha gustado repasar, otra vez, las mismas líneas; lápiz nuevo sobre marcas antiguas. Volver por “placer” a lo que fue “obligación” y reencontrarme con otros ojos, pero con la misma mirada y poder “afirmar” lo que ayer empezaba a “intuir”:
La felicidad no es “algo” que se obtiene, es “algo” que se hace.