31 de diciembre de 2008

Feliz Año Nuevo 2009

Para todos mis familiares y amigos...
Feliz Año Nuevo 2009
María Hdez.
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MAMA DAME TETA


Ayer, mientras repasaba las noticias en la red, un titular captó mi atención “Desata Facebook debate por fotos amamantando” y leí, envuelta en perplejidad, lo que se había montado. Inmediatamente, le envié el artículo a mi hermana, defensora de la lactancia materna, tal y como intenta reflejar en su blog MAMADAMETETA. No tardó mucho en colgar el artículo, indignada.

Por lo visto, Facebook suprimió la foto de una usuaria porque aparecía amamantando a su hijo, ya que su política de uso del servicio implica que la página sea segura para todos los usuarios, incluyendo niños. Según su portavoz "Fotos que contienen un pecho completamente expuesto (definido como el que muestra el pezón) violan esos términos (sobre material obsceno, pornográfico o sexualmente explícito) y pueden retirarse", indicó en un comunicado.

Puedo llegar a entender que existan unas “normas” que uno acepta libremente cuando entra a formar parte de un colectivo, pero el que sea considerada una “norma”, no significa que no pueda ser absurda e incoherente. Y ésta desde luego lo es. Pretender proteger a un niño del pecho de una madre es antinatural, estúpido y, si me apuran, de enfermo mental.

Un pezón puede resultar “obsceno, pornográfico o sexualmente explícito” dentro de un contexto que lo haga parecer así, pongamos una revista pornográfica o una película para adultos. Pero de la misma forma, una lengua también podría parecerlo y no creo que nadie se rasgue las vestiduras cuando se cuelga una foto de alguien enseñándola.

En una sociedad “desnaturalizada” como la actual, donde el culto al pecho femenino pasa por el quirófano y la silicona y no por su verdadera naturaleza funcional, dejar que exista una censura de este tipo, sobre un acto tan natural como dar de mamar a un bebé, me parece del todo reprobable. Es más, ya que tal censura procede de una norma, me refugiaré en otra norma más internacional, la
Convención sobre los Derechos del Niño, que es de aplicación desde 1990 por las Naciones Unidas y que dice así en su artículo 24, 2e):

Asegurar que todos los sectores de la sociedad, y en particular los padres y los niños, conozcan los principios básicos de la salud y la nutrición de los niños, las ventajas de la lactancia materna, la higiene y el saneamiento ambiental y las medidas de prevención de accidentes, tengan acceso a la educación pertinente y reciban apoyo en la aplicación de esos conocimientos”.

La Lactancia Materna no es algo que unas pocas “progres” estén empeñadas en rescatar del olvido. La lactancia materna es, por encima de todas las cosas, un acto natural, propio de todos los mamíferos, que garantiza la nutrición del recién nacido y, por tanto, una supervivencia mayor de la especie. Desgraciadamente, el resto de los mamíferos no tiene una farmacia cerca cuando la lactancia natural no es posible; Eso tendría que hacernos pensar. Lo natural y normal es dar el pecho y lo “artificial” es alimentar con biberón, aunque sea factible, como también lo era utilizar una nodriza cuando la madre no podía amamantar al bebé.

El acto de amamantar, lejos de cualquier romanticismo, es una necesidad vital y como tal debería mostrarse, sin tabúes estúpidos que sólo proporcionan prejuicios y perjuicios.

No me gusta generalizar, pero en este caso, donde la leche materna es gratis, ¿es posible que exista interés en hacer del amamantamiento algo “lejano, extraño, anticuado, obsceno, pornográfico o sexual”? A ver, que una mamá reciente haga la cuenta de cuánto dinero se ha ahorrado dando el pecho, sin contar cuánta salud le ha dado a su hijo, que en el fondo, es lo que a todos nos interesa. SALUD y AMOR.

Si después de reflexionar sobre esto, alguien sigue viendo cosas “impúdicas” en una madre que amamanta, que se lo haga mirar por un especialista, rápido, sin pérdida de tiempo, creo que Ud. está enfermo.
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22 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


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17 de diciembre de 2008

65 horas de jornada laboral


Como trabajadora y “cabeza” de familia he estado preocupada por el devenir de la votación que iba a celebrarse hoy en la Eurocámara por el asunto de la jornada de 65 horas semanales de trabajo.
Acabo de leer para alegría mía, y espero que de muchísimos trabajadores, que, al final, más de 500 eurodiputados han votado a favor de algunas de las 41 enmiendas presentadas, lo que significa que habrá un nuevo periodo de “conciliación” (90 días) y si no hay acuerdo, la propuesta de este “exceso de jornada” desaparecerá.

Desde mi profunda ignorancia, pero aplicando el poco sentido común que creo tener, no logro comprender cómo se ha llegado a este punto, donde los derechos adquiridos por los trabajadores, a lo largo de la historia, sobre todo durante el último siglo, parecen ir a la deriva, navegando sobre un mercado económico y financiero mundial cuajado de tempestades y huracanes, a cual más preocupante.

Admito que he tenido que estudiarme lo que significa “
flexiguridad”, vocablo muy utilizado en esta propuesta. Por lo visto, este término hace referencia a un sistema utilizado en Dinamarca, que proporciona una gran flexibilidad a las empresas a la hora de contratar y despedir, pero al mismo tiempo garantiza el cobro del 90% de su sueldo en prestación a las personas que se vean desempleadas, hasta un máximo de cuatro años. Durante este tiempo, tendrán que realizar cursos de formación y si la situación de paro continúa, se les instruirá en los sectores con más oferta de empleo. De manera que se une la flexibilidad laboral a la seguridad de poder mantener la economía familiar, a pesar de perder el empleo, y tener la seguridad que el sistema hará lo posible para una rápida reinsersión laboral.

Hasta aquí, creo yo, no hay mucho malo que objetar ¿verdad?. Sería ideal un sistema así, que te protegiera en caso de pérdida de trabajo, sin dejarte al límite de la miseria y que, además, se comprometiera en serio en ayudarte a volver al mercado laboral con un plan de empleo y formación casi “idílico”, visto desde la distancia y con todas las reservas del mundo, ya que no conozco a ningún danés que pueda hablarme del sistema en cuestión.

Pero ahora es donde me pierdo totalmente. No comprendo que tienen que ver las 65 horas de jornada con el sistema danés. No le veo color por ningún lado.

Según la información que aparece en la
página del Ministerio de Refugiados, Inmigración e Integración de Dinamarca, en este país la jornada laboral es de 37 horas semanales con 5 semanas de vacaciones pagadas. Además cabe destacar de la entrevista a Claus Hjort Frederiksen , ministro de empleo danés, que publicó el Suplemento de El Mundo el 24 de Junio de 2007, lo siguiente:

P.- ¿Cuál es el precio de la 'flexiguridad'?
R.- Es muy caro. Muchos políticos europeos vienen a estudiar el sistema y lo encuentran tremendamente interesante por lo flexible, pero cuando hablamos de la parte de seguridad y de las políticas de educación, les cambia el semblante.

A saber, Dinamarca es un país con una población que ronda los 5 millones y medio de habitantes, más o menos como Madrid, con una tasa de paro del 3.7 %. España, por el contrario, tiene más de 46 millones de habitantes y casi 3 millones de parados. Y ya les resulta caro mantener ese plan.
A ver si alguien viene y me lo explica porque no hay forma de que me entere. Tal y como está la economía mundial, hundida, casi ahogada por completo, gracias a los “grandes inversores”, los reyes del mambo, los de la sartén por el mango, los verdaderos protagonistas de “La avaricia rompió el saco….del banco”, donde cada día se presentan ERE de diversas empresas, que en el mejor de los casos, sólo reducen las jornadas de trabajo a la espera de una mejoría, que se antoja lejana, y en el peor te dejan en la calle, donde se acabaron las horas extras, donde la hipoteca asfixia y la cesta de la compra no se abarata. Si no hay trabajo, no hay consumo, nadie gasta ¿Dónde piensan emplear tantas horas al personal?.

Yo sé lo que pasa, me lo imagino… En tiempo de crisis todo el mundo le teme al futuro, a la posibilidad de la caída, a acabar en la pobreza y a algunos les interesa la “flexiguridad” pero no dentro de un marco de respecto, sino agarrándote de las entrañas y diciendo “es lo que hay, o trabajas tanto o no hay curro...eso sí, la horita es a precio de saldo, no vayas a hacerte rico mientras trabajas para mi”.
Todo lo contrario ocurre en Dinamarca que es la nación más feliz del mundo, según cuentan en la revista
www.solociencia.com (leer más).

Que no nos mientan, la “flexiguridad” de Dinamarca, es de Dinamarca y la que pretenden colarnos es otra, a propuesta de Reino Unido que, para más INRI, sólo quiere ser europeo cuando le interesa, mientras tanto continúa con su Banco Central y su moneda. Vamos..soy británico, reino unido, un poco europeo, pero sobre todo, “flexiguro” de 65 horas.

Ay, ay, ay…. Menos mal que reinó la cordura y los eurodiputados votaron en contra de tan polémica propuesta británica porque ya me veía mandándole mensajes al móvil a mi hijo para desearle buenos días, que calentara en el microondas las judías que hice ¿el domingo de la semana pasada?, buenas noches…no me esperes.
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10 de diciembre de 2008

Ser padres...


Leyendo lo que dice mi hermana sobre su hijo (“mi peloto”), me vienen a la mente esos primeros sentimientos que los nuevos padres empezamos a forjar cuando una nueva vida llega a la nuestra; un nuevo ser que cambiará nuestra existencia para siempre. Nuestra forma de pensar, de actuar, de soñar....todo.

Luego será la vida quien irá recolocando todas esas incógnitas, revestidas de deseos, y no siempre se corresponderán con aquello que soñamos, aunque, a veces, sí.

Se dice por ahí que uno empieza a ser buen hijo cuando comienza a ser padre y no le falta razón a la sentencia. Desde que la vida de tu retoño se convierte en lo más importante de tu existencia, te planteas lo que fuiste, eres o serás para tus propios progenitores y descubres que, aunque ames hasta el infinito a tu vástago, antes otros hicieron y hacen lo mismo por ti, si aún tienes la suerte de conservarlos.

Hasta que ese momento llegue pasarás de ser una personita, totalmente, dependiente de ellos, para poco a poco ir rompiendo los cabos de amarre hasta convertirte en adulto, aunque para ello pienses, más de una vez, “mi madre es una pesada” o “mi padre no lo entiende”. En esta carrera hacia la madurez irás resolviendo todas las incógnitas que tus padres albergaron sobre tu futuro, con aciertos y errores.

Ser padre es como intentar licenciarse en la carrera del “¿Qué será?”, disciplina en la que nunca se llega a ser experto del todo; durante un llanto ¿qué será, gases o hambre?, tras una caída ¿qué será, un rasguño o un corte profundo?, en sus estudios ¿qué será, un aprobado o un suspenso?, en la adolescencia ¿qué será, responsable o bala perdida?, en su juventud ¿qué será, buena persona o mala gente?, en su vida ¿qué será, feliz o desgraciado?. Cada respuesta irá marcando la vida, la del hijo y la de los padres.

Imagino que el mejor reconocimiento “académico” que se puede llegar a tener en una carrera tan larga como ésta, será poder reunir a todos los hijos, con sus propias vidas, desvelos y retoños, y tras unos momentos de relajación, pensar “valió la pena el esfuerzo”.

Quizás, las fiestas que se avecinan sean un buen momento para darles, a nuestros padres, un “aprobado” con nota: “Te quiero” + beso.

Nota: para las madres, el beso se puede conjugar con un achuchón, nos encanta.
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1 de diciembre de 2008

¿Qué fue de los amigos invisibles?


Hay quienes a lo largo de su infancia cuentan con la apreciada presencia de un “amigo invisible”. Seguramente, jugar debe ser parte de una obligación infantil innata y cuando las circunstancias no permiten tener amigos de carne y hueso, para compartir unas horas de diversión, la fantasía viene a suplir esta carencia haciendo “aparecer” a estos seres.
Yo, que recuerde, no tuve ninguno, pero mi hijo tuvo TRES y al mismo tiempo.
No puedo establecer con claridad el momento exacto de su aparición en casa, pero los recuerdo con mucho humor. Mi hijo tenía unos tres años y sus “inseparables” se llamaban Güisa, Antonio y Javier.
De pronto, lo escuchaba charlando, animosamente, con sus amigos; les daba explicaciones sobre la manera correcta de colocar sus coches “medianos” en la alfombra o cómo hacer una larga caravana que ocupara todo el pasillo. Otras veces, emulaba ser su mentor y les daba grandes dosis de medidas correccionales, como de qué manera tenían que sentarse o lavarse las manos.
Hasta aquí todo era normal, pero el asunto cambiaba cuando mi pequeño lord hacía que sus imaginables formaran parte de las escenas cotidianas.
Un día, por ejemplo, al irme a sentar en el sofá, escucho – “ Nooooooo,. Mamá, que están sentados Güisa, Antonio y Javier, los vas a aplastar”- y yo me quedé a medio camino del sofá, con el trasero en pompa y con cara de póker.
En otra ocasión, casi cometo un asesinato en serie cuando puse en marcha la aspiradora y casi atraigo hacia la tripa del electrodoméstico a los amiguísimos; menos mal que una vocecita de alarma me gritó – “ Mamiiiiii, no, nooo…que Güisa, Antonio y Javier están durmiendo, escondidos en los cojines”. Tuve que esperar a que se despertaran y “amablemente” decidieran cambiar de ubicación.
Pero sin duda, el episodio más divertido ocurrió cuando íbamos a irnos de vacaciones. No sabía que iba a pasar cuando mi hijo no pudiera explicarme cómo diablos pensaba llevarse a sus amigos, porque, evidentemente, no íbamos a pagar tres billetes más de avión. Así que puse mucho cuidado en no nombrarle a sus amigos durante los preparativos del viaje. Llegado el día de nuestra partida y ya dentro del avión, mi hijo me dice – “Antonio y Javier no han venido”- . Lo miro con cara de …”Oh my god” y continúa – “pero Güisa si viene”. Enseguida me puse a temblar porque imaginaba lo que podría pasar cuando el pasajero del asiento contiguo viniera a sentarse, ¡qué espectáculo!, pero muy resuelto me dice mi vástago -“Güisa está allí”- señalando hacia la parte delantera del avión, tras la cortina. Carambaaaaaa con Güisa, iba en clase preferente.
Estando en casa de los abuelos, mi queridísimo hijo localizó una preciosa cabeza especial para prácticas de peluquería de su tía y se entretuvo, muy calladito, en pintarrajearle la cara, como si de un maquillador se tratara. Cuando descubrimos el desastre, le pedí explicaciones sobre su comportamiento y me dijo – “Es que Güisa quería estar guapa”- y al adquirir forma “humana” (algo rara, eso sí), Güisa desapareció para siempre, lo que me hace pensar que todo, en nuestras fantasías, es más perfecto y deseable y que cuando lo hacemos realidad pierden parte de su misterio.
A veces me pregunto, si Güisa, Antonio y Javier, habrán crecido tanto como mi hijo o se han quedado para siempre escondidos entre los cojines de aquél sofá.
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25 de noviembre de 2008

25 de Noviembre de 2008



25 de Noviembre:
19:00 hrs. Concentración en la Plaza de la Candelaria (Santa Cruz de Tenerife)


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Pitillos si, tabaco no

Se ha visto en la Tv, un spot de cierta bebida de cola, donde bajo la frase “Soy un chaval de verdad, ésta es la mejor edad”, se nos muestra, en segundos, muchos aspectos cotidianos de lo que fue la década de los 80’s.

Para quienes “estuvimos allí”, puede resultarnos anecdótico, incluso gracioso, o consigue ocasionarnos una depresión de caballo al hacernos conscientes que, como dice el tango, “20 años no es nada”.

Personalmente, no tengo muy claro cómo, dónde y cuando se esfumaron, porque todo ha ido tan deprisa que mis incipientes “patitas de pollo” han pasado, en un kikirikí, a ser verdaderas “patas de gallo” y yo sin enterarme.

De lo que sí estoy segura es que, tal y como dice dicho spot: “Fuiste pionera en llevar pantalón pitillo”.

La moda lleva intrínseco un comportamiento cíclico y cada dos décadas, algo de lo que fue, vuelve, adaptándose a los tiempos, pero, en esencia, es lo mismo. En los 60’s, también se usaron los pantalones ajustados, pero unir “pantalón tejano + pitillo” fue algo propio de los 80’s. Cada veinte años regresan, sólo que, en la actualidad, lo han hecho con lycra incorporada, por lo que la gran odisea de llevarlos ceñidísimos a los tobillos no tiene complejidad, porque estiran.

En los 80’s, intentar meter el pie dentro de un tejano, ajustado hasta el límite y que no estiraba en absoluto, tenía algunos riesgos: de tanto alargar el empeine del pie, para hacerlo entrar, podías acabar con distensión muscular o bien, de tanto empujar, las costuras cedían y terminabas con un pantalón descosido, cuando no, roto. En definitiva, había que sudar lo suyo para ganarse el orgullo de llevar el tejano más “entubado” de todo el instituto y, por supuesto, a la vez, renunciar a la posibilidad de rascarte en vivo, si por casualidad te picaba un mosquito, o tener prisa y querer calzarte antes de vestirte.

Creo que en recuerdo a esa dosis de sufrimiento, asociado al uso de vaqueros “entubados”, todos aquellos que hoy “estamos en la mejor edad”, pero ya vigilando nuestra salud, deberíamos alzar la voz para gritar:
“ Pitillos, Siiii, Tabaco, Noooo”
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21 de noviembre de 2008

Cuando el corazón llora...


El día 20 de Noviembre es, hasta hoy y durante muchos años más, una fecha recordada, aprendida o escuchada por millones de personas en este país y también fuera de sus fronteras. No creo que haga falta mencionar el motivo, pero..

¿Y A MÍ QUÉ?

A mi me recuerda otro 20 de Noviembre, otra muerte, otro final, otro dolor....del alma.

Ayer, nadie de mi alrededor notó que cada vez que escuchaba la fecha, o un comentario al respecto o una alusión a los años que habían pasado desde... mis ojos se empañaban y mi alma se encogía. Hace 11 años perdí un trocito de mi vida; sólo un trocito porque aún era pequeño, pero que de haber podido SER se hubiera transformado en una gran parte de mi existencia, como lo es mi primer hijo, como lo son TODOS los hijos.

A veces, cuando siento ese vacío, ese “nada”, pienso en aquello que nos enseñaron en el colegio: “La materia ni se crea, ni se destruye, solo se TRANSFORMA” y me dejo llevar hasta donde mi razón desrazona. “¿y si esa “materia” que fue mía pudiera aún guardar el recuerdo del ruido que producía mi corazón al latir?” ¿sería posible?”. Ese zumbido y una enorme tristeza son el único legado que pude darle.

Cada 20 de Noviembre, en algún momento del día o de la noche, hay lágrimas que se derraman de mis ojos, serenas, pausadas, como un arroyo apagado. Llora el corazón de una madre: por lo que no pudo ser, por lo que hubiera podido ser, por lo que compartimos en silencio, por aquellas esperanzas que se frustraron, por todas esas cosas que nunca más podrá tener, sentir, soñar, por todos los miedos, por tantas dudas, por MI.

Creo que siempre recordaré el 20 de Noviembre, pero no como el resto de los españoles, sino como una mujer que entre dolores perdió una esperanza. Solo durante unas horas me permito abatirme....un poquito.

Mañana será otro día y volverá a lucir el sol sobre mi cabeza (o tal vez no, porque está lloviendo) y volveré a sonreír. Tengo más esperanzas, más sueños y, sobre todo, tengo un hijo al que adoro, porque no es sólo un trocito de materia, ...es mi Trocito de Cielo.
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16 de noviembre de 2008

Adiós monedero, ¡Hola cartera!


Hace algún tiempo, mi hermana menor, me invitó que la acompañase a un gran centro comercial, de firma reconocida en todo el país, con la intención de comprar una cartera. Le recomendé que podía hacer lo mismo en otro establecimiento y ahorrarse unos euros, pero ella insistió en ir al lugar que había elegido.

Por el camino me fue contando que a lo largo de su vida profesional había tenido que tratar a muchas señoras de “alto standing” y que una cosa siempre llamaba, poderosamente, su atención; todas ellas portaban grandes carteras, repletas de tarjetas de crédito, débito y de distinta índole, cada cual más llamativa, que no dudaban en mostrar cada vez que iban a deleitarse con el pago de sus facturas, aunque el dinero en efectivo escaseara, a simple vista.

Intentaba con todas mis fuerzas centrarme y comprender qué era lo que mi hermana trataba de mostrarme, pero seguía sin encontrar relación entre todas esas mujeres de carteras descomunales y el empeño de mi consanguínea en gastarse una pasta gansa en comprar una de ellas.

Al ver mi cara de jaque, me expuso, de la mejor forma que pudo, lo que estaba pensando:

“ Hermana... he reflexionado al respecto y creo, de verdad, que un cambio de mentalidad abre muchas puertas y, a veces, por simple comodidad las mantenemos cerradas. ¿Has mirado bien lo que cabe en tu monedero? ¿Tu documentación? ¿Una tarjeta de crédito? ¿Monedas? ¿Algún que otro billete? . Prácticamente, nada. Es verdad, parece práctico, pero estoy convencida que un espacio tan reducido no puede “atraer” muchas riquezas. Hoy voy a cambiar mi ridículo monedero por una cartera, grande, bonita, con muchos departamentos que me permitan ordenar y “soñar” otros cambios. Hoy es la cartera, pero mañana será mi forma de ver la vida, porque creo que mantener una idea de abundancia, en todos los aspectos de mi ser, me ayudará a sacar todo el potencial que llevo dentro. La cartera sólo será una llamada de atención diaria para perseverar en mis sueños.”

¡¡¡¡ Caray con mi hermanita!!! Está claro que uno siempre puede aprender, hasta de una hermana menor.

Voy a confesar que ha pasado algún tiempo desde esa visita al centro comercial, pero, de igual manera, aseguro que ella tenía razón; un cambio de pensamientos es el mejor de los impulsos; mirar al mundo de manera positiva, pensar que todo es posible, mantener viva la ilusión y la capacidad de soñar.

En cuanto acabe estas letras, me voy a comprar una cartera... y la llenaré de SUEÑOS.
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11 de noviembre de 2008

La relatividad




Hoy he vuelto a poner los pies en el gimnasio después de casi un año de ausencia. Estoy muerta, más que muerta, exhausta.

En realidad no es que me exceda en ejercicio, que va. Lo que me deja para el arrastre es seguir las estadísticas del tiempo, distancia y calorías consumidas mientras camino hacia ninguna parte o pedaleo a ningún sitio. ¡Qué desagradables son esos números!.

Y aquí es donde entra la relatividad. ¿Cómo es posible que tarde dos segundos en zamparme una magdalena y tenga que sufrir 20 minutos de marcha para hacer desaparecer 85 tristes calorías?.

No es que me pase el día mirando cuántas calorías engullo, pero tengo una manía (varias, pero ahora solo interesa una de ellas); me entretengo en leer toda la información que aparece en los paquetes de lo que sea mientras como. Y claro, a poco que hagas la cuenta, unas galletitas de nada suman una barbaridad de calorías y, si encima, calculas cuantos kilómetros tienes que andar para hacerlas desaparecer, acabas con una indigestión severa.

Mañana será peor aún, porque iré a la piscina y allí no hay numeritos, sólo metros y metros de agua clorada y, otra vez, la relatividad. ¿Por qué 25 metros andando parecen poco y cuando tienes que vértelas con el bañador puesto se transforman en “distancia olímpica”?.

De momento voy a darme una vuelta por la cocina a ver si repongo “el tipo”, porque con tantos cálculos, tanta relatividad y tanto ejercicio me han entrado ganitas de comer.
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9 de noviembre de 2008

Un turrón, porque sí


Apenas he dejado atrás las toallas y los bronceadores y, sin darme cuenta, al pasear entre los pasillos del supermercado, me encuentro con la estantería de los turrones, como si de un calendario de adviento se tratara. ¡Qué barbaridad! ¡ Ya llegó la Navidad!, pero ¿qué pasó con los meses, se encogieron?. En realidad, no, y aunque sean doce, para los centros comerciales se reducen a: “Verano”, “Navidad” y “la terrible cuesta hasta el verano siguiente”.
Vuelvo en mí tras tanta cavilación y me concentro en repasar las novedades de este año. Cada vez son más frecuentes los turrones y pralinés de “new age”, tan exóticos, tan apetecibles, tan ... ¿son de verdad? : praliné de piña, de café, bombón de licor, arroz con leche, trufas con nata, naranja y así hasta cansarte. Lo cierto es que me dan ganas de comprarlos todos y entonces pienso en la cruda realidad; llegará el día de Reyes y mil turrones a medio degustar.
Cuando era niña eso no pasaba. En primer lugar, porque sólo se consumían el turrón de Jijona, el de Alicante y el de Yema, porque siempre hay un pariente que lo prefiere, y en segundo, porque había que ver quien era el espabilado que le metía mano a los trozos de turrón que quedaban, tras guardar el arbolito y los adornos navideños; el turrón blando, ya estaba demasiado blando y el duro, acababa como derretido tras tantos días de fiesta. Eso sí, la ausencia de otros turrones, se suplía con dulces: truchas y rosquetes y algún que otro licor, todos ellos caseros.
Hoy en día, estos dulces navideños también se pueden comprar, pero han perdido la parte divertida de la elaboración casera. Desde luego, lo recuerdo como todo un acontecimiento, desde la tremenda duda “ la trucha ¿de batata o cabello de ángel?” hasta la maestría de “enroscar” el rosquete para que luego no se abriera al freírlo.
A los niños nos dejaban participar, pero también nos causaba una terrible desesperación, cuando tras verlos elaborados, una voz se alzaba entre la harina, la manteca y la levadura y decía: “Hasta que no se enfríen, no se pueden comer, que te duele la barriga”. ¿Cuánto hay que esperar?, ¿cuántos eternos minutos tardan en estar “comestibles”? ¿por qué no puedo comer un rosquete caliente y cuando protesto porque la sopa está hirviendo me regañan? .... qué ganas tengo de ser mayor.
Y entonces, cuando ya te sentías incomprendida del todo y te sumías en la pequeñez de tu estatura, una mano maternal te acercaba el “rosquete”, ese rosquete, el ansiado rosquete... y la vida volvía a ser maravillosa.

Lo tengo decidido, ya soy mayor, voy a comprar un turrón de tiramisú y voy a festejar que, por fin, ¡Ha llegado la Navidad!.
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4 de noviembre de 2008

Crisis en la Bolsa...de Papá Noel y los de Oriente




Tal y como anda el “parquet” económico, no es difícil adivinar que, este año, Papá Noel y los Reyes Magos van a tenerlo complicado a la hora de hacer su trabajo.

A Papá Noel tener radicada su empresa en el Polo Norte le ha perjudicado muchísimo a causa del precio del barril de crudo. El recargo por combustible ha venido ha incrementar las tarifas de su servicio de mensajería urgente “El 24 es nuestra fecha”, haciéndolo poco recomendable para un regalito de compromiso. Además, hay rumores muy preocupantes acerca de un ERE que quiere presentar la empresa Santa Claus S.L. porque tras las “supuestas” dificultades económicas, que alega el empresario, se puede estar escondiendo un resentimiento patronal hacia Rudolph "el reno" que, recientemente, fue elegido delegado sindical y está intentando iniciar la negociación de un convenio colectivo para Renos Voladores, con el apoyo mayoritario de la plantilla. El temor de una huelga en fechas comprometidas se respira en el ambiente. A su vez, los duendes navideños se han reunido en asamblea porque los resultados de los últimos pedidos no están siendo muy halagüeños y dada la temporalidad de sus contrataciones estudian la posibilidad de que sean considerados “fijos discontinuos” y acabar con los contratos realizados a través de las ETT.

Por otro lado, sus Majestades, los Reyes Magos de Oriente, también están encontrando dificultades para organizar su campaña navideña. Intentan abaratar costes a “costa de lo que sea” y los pajes ya se han quejado de la prolongación de jornada que han tenido que realizar, dadas las escasas contrataciones que se han efectuado para cubrir las vacantes. Además, el gremio de Transporte por Carretera les ha advertido de la necesidad de cumplir con las disposiciones vigentes en cuanto a descanso de los conductores y buen mantenimiento de los tacógrafos, sin olvidar que la legislación sobre la retirada de puntos perjudica a los empleados que ponen a disposición de la empresa su carné de conducir sin que hayan sido reconocidos como “conductores” en su categoría profesional.

Está claro, cuando la economía se nos hace cuesta arriba lo que menos nos debe preocupar son los regalos que “no podemos hacer” y mucho menos, “los que no debemos hacer”. Un detalle, un poquito de imaginación, otro poco de dedicación y mucho amor son los ingredientes necesarios para hacer que nuestro regalo sea, verdaderamente, bueno y barato, sin olvidar incluir un deseo:

SALUD y TRABAJO para todos.
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3 de noviembre de 2008

¡¡ FELICIDADES !!


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31 de octubre de 2008

Un momento de relax

video


Sumi-e ó Suiboku es una técnica de dibujo monocromático en tinta de la escuela japonesa. Se desarrolló en China y fue introducida en Japón a mediados del siglo XIV por monjes budistas zen.
Las imágenes para hacer este vídeo las tomé de aquí y pertenecen a Kazu Shimura. Si quieres ver cómo realiza esta técnica visita este link

Tema musical: “Temple garden”
Album: Zen and the art of relaxation

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28 de octubre de 2008

El nuevo mal de San Vito


Situémonos...

Un día cualquiera dentro de un medio de transporte colectivo. Lleno a rebosar, todos los asientos ocupados y buscas un rinconcito donde asirte y resguardarte hasta que llegue tu parada.

Como siempre empiezas a mirar a tu alrededor, clasificando al personal (no digas que no, porque todos lo hacemos). Ese niño jugando con el paraguas parece peligroso. Esa señora tan mayor y nadie le cede el asiento ¡qué sinvergüenzas!. Anda, mira, ahí va el vecino de mi tía. Y así hasta que completas el reconocimiento visual de tu entorno.

De repente, se escucha a alguien hablar en voz alta. Te revuelves en tu rincón intentando vislumbrar al dueño de ese monólogo. Miras, vuelves a mirar y ahí está; es una chica, joven, que parlotea sin parar, mueve las manos, gesticula, aunque, aparentemente, no tiene aspecto de trastornada.

Ella sigue su conversación particular, mientras no dejas de preguntarte qué razones tendrá para ponerse de esa manera. Entonces caes en la cuenta que lleva unos auriculares, sigues el cable y crees reconocer un micrófono incorporado, sigues mirando y, con cierta dificultad, adivinas que está hablando por teléfono móvil. ¡Claro, era eso!.

El espectáculo continúa: esta tarde ha quedado en la plaza cercana al centro comercial, su interlocutor debe estar intrigado porque “no puedes ni imaginarte a quién vi hoy”, todo eso acompañado de unas manos que vuelan hacia la cabeza. Y sigue, y sigue....

No se está dando cuenta, pero todos a su alrededor hemos sido partícipes de su tecnología punta; esos auriculares la aíslan de su propio tono de voz, que es bastante elevado, mientras los demás nos hemos enterado de todos sus planes.

Es curioso, vivimos inmersos en el mundo de la comunicación y la tecnología nos trae estas instantáneas: personas que se aíslan del mundo a base de artilugios que les confieren conectividad vía satélite, pero que, al mismo tiempo, les impide tener un mínimo de intimidad.

Ejemplos varios: aquél al que le suena el móvil mientras está afanado en el W.C.; aquél otro que gesticula sin parar mientras espera en un semáforo porque su bluetooth es lo más de lo mejor, etc.
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Tolerancia Cero

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Cuando el miedo no existe


Hace 10 meses que un pequeño ser, al que cariñosamente llamo “peloto”, vino a colmarnos de felicidad. Es mi sobrino, el más peque de la familia.
Lo visito a diario, no sólo porque soy su tía, sino porque siento “síndrome de abstinencia” si no lo hago; me tiene chiflada perdida.

En estos escasos meses he ido observando su crecimiento, sus progresos día a día y no deja de sorprenderme la capacidad, tan enorme, de aprendizaje con la que venimos al mundo.

Mi “peloto” ha pasado de ser un bebé sin más a ser un torbellino “a cuatro patas”. Atrás quedaron sus primeros movimientos temblorosos y damos la bienvenida a tocar las palmas, decir adiós, imitar expresiones, etc.

Mirándole y observando, cada día, que nueva habilidad ha logrado, me planteo cuánto hemos tenido que aprender en nuestro primer año de vida. Todos hemos pasado por ello, pero creo que pocas veces nos hemos parado a pensar cuanto sacrificio, práctica, aplicación, tesón y afán de superación hemos tenido que poner de nuestra parte para conseguirlo.

Mirándole, me pregunto ¿qué energía “maravillosa” será la que nos acompaña durante nuestra infancia?.

Cuando crecemos y nos convertimos en adultos, dejamos de poseerla, al menos, la mayoría de nosotros y achacamos a otras muchas circunstancias nuestra incapacidad para “aprender”.

En el fondo, creo que nos paraliza el miedo; miedo a no lograrlo, miedo a no ser capaz, miedo a intentarlo. En definitiva...MIEDO.

¿Cuánto nos costó aprender a coger nuestro chupete y llevarlo hasta nuestra boca con precisión? ¿nos paró el miedo a fallar? ¿a que se cayera? ¿a perderlo? NO. Lo intentamos una y otra vez, hasta lograr la destreza y motricidad suficientes para lograrlo.

¿Cuánto nos costó aprender a hablar? Más aún, ¿cuánto nos costó comprender que existía un lenguaje, un código, una ley para comunicarnos? Seguramente, mucho más de lo que nos costaría aprender otro idioma correctamente, pero no nos paramos a pensar que era algo imposible. Ahí estábamos, mirando a todos esos seres de caras ovaladas que nos hablaban, que emitían ruidos y nos pusimos manos a la obra para conseguir expresar nuestros pensamientos.

Mirando a mi “peloto” disfruto de todos sus progresos, desde mi papel de tía encantada, y no escatimo besos, ni mimos cuando de festejarle sus logros se trata y como no tiene miedo para aprender, tampoco lo tiene para lanzarse a los mil peligros que la vida le depara, pero para velar por él, las veinticuatro horas del día, están sus padres. A mi, esta vez, me toca ser “TÍA” y voy a disfrutarlo hasta que me llame “bruja” y luego seguiré queriéndolo igualmente, como quiero a mis otros dos sobrinos (que ya me lo dicen, jaja).
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27 de octubre de 2008

La croqueta, esa gran desconocida


A veces, al abrir la nevera, siento un desasosiego enorme al comprobar que han ido desapareciendo los manjares y sólo quedan los restos, aquellos que por más vueltas que les des, no consigues armonizar para que parezcan un plato de verdad.

Tal y como está la economía, tampoco es plan de ir cerrando los ojos y abriendo el cubo de la basura , porque “ojos que no ven, bolsillo que se resiente”. Y además ¿qué hay de todos los dibujos animados que nos perdimos por aquella frase de “Hasta que no te lo acabes todo, ni se te ocurra levantarte”?. Eso, dicho así, día tras día, acabó calando y, ahora, da mala conciencia deshacerse de los alimentos mientras les quede un ápice de frescura.

Según esa memoria colectiva que vamos arrastrando de generación en generación, hay tres maneras racionales de acabar con esos restos de la nevera; en tortilla, porque dicen que lo aguanta todo; en pizza, porque aunque no lo aguante, nadie se queja jamás; o en croquetas, que pueden ser de cualquier cosa y encima se pueden congelar.

La croqueta es un ser gastronómico con una definición difícil; todos sabemos qué forma y color debe tener, pero ¿sabemos qué guarda en su interior?. En realidad, no, pero de forma general hay tres clases de croquetas; las de carne (serrano, jamón, pollo, etc.), las de pescado (atún, bacalao, etc) y las de “Segunda Oportunidad”.

Las Croquetas de Segunda Oportunidad están elaboradas con una receta infalible y secreta. Bueno, no tan secreta, pero si personalizada; Imaginemos, esos langostinos cocidos, supervivientes de la cena de ayer, que te miran con ojitos saltones y patitas tiesas tan pronto como abres la nevera. No te queda más remedio que pasarlos a mejor vida, por caridad. Y eso haces, los pelas, los introduces en el vaso de la batidora, agregas la leche, las pizcas de lo que quieras (sal, nuez moscada, etc) y cuando todo se mezcle bien hasta no diferenciarse, lo vas vertiendo, poco a poco, donde has frito la cebolla y la harina. Y alehop, un caldero enorme de pasta de croquetas de disimulo. Solo hay que esperar a que se enfríe, darles forma y pasarlas por huevo y pan rallado e ir colocándolas en los tupper de la comida china y al congelador.


Siempre habrá quien pregunte ¿de qué son? y solo existe una respuesta posible ¿me pasas el pan?.
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26 de octubre de 2008

Cuando el orgullo se hace nombre: Carlos



Hoy, como desde hace algunos años, he acompañado a mi hijo a una de sus competiciones de kumite de kárate.

Hoy, como todas las demás veces, me ha saltado el estómago mientras él estaba sobre el tatami, atacando o defendiendo.

Hoy, como antes, me he debatido entre verlo a través del visor de la cámara o seguirlo con el ojo.

Hoy, como siempre, he sufrido esos interminables minutos.

Pero hoy, como desde hace 15 años, me he sentido muy orgullosa de ser su madre y de que él sea mi hijo.

Ha ganado su primer puesto, pero lo que más me hace sentirme así es su nobleza.

Ojalá todos los años que la vida me permita estar a su lado pueda sentirme así; agradecida por verlo feliz, logrando sus metas sin salir trasquilado.
Los padres parece que siempre tomamos el papel "del que riñe, del que censura", pero hoy éste es mi reconocimiento "mundial" para mi hijo.
¡Pibito, sigue así! ¡Me tienes contenta!.
Para Carlos...de su madre.

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1 de septiembre de 2008

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Mis lecturas

Cuando mi hijo aún era pequeño y aún no sabía de "letras", mientras toqueteaba mis libros de la mesita de noche, le explicaba, intentando potenciar su curiosidad, que cuando aprendiera a leer un "Nuevo Mundo", repleto de "Mundos Nuevos", se abriría ante él.

"He recorrido la Tierra, he muerto de amor, he viajado en globo o submarino, he visto guerras y desgracias, me he batido en duelo de espadas y he hecho cosas que jamás hubiera imaginado, todo ello, sin salir de mi cama, pasando, una tras otras, las páginas de mis libros porque cada uno de ellos te regala una nueva aventura. ¿Sabes cuántos libros hay en el mundo?. Cuando estoy leyendo y me ves tan calladita es que, en realidad, estoy viviendo una aventura".

Para mi alegría, el primer día que descubrió que era capaz de leer "otras letras", distintas a las que le enseñaban en la escuela, lo hizo con la portada de unos de los libros que estaban en mi cabecera:
"Pa...u...la.. I...sa...be...bel. .A...llen...de".

Los libros forman parte de mi vida y aunque no soy una lectora empedernida, si me considero una lectora habitual, que disfruta entre letras y que, aún, prefiere un libro impreso.

En la pestaña que sigue en el menú hay una lista de los últimos libros que he leído. Pinchando sobre el título, podrás leer la sinopsis que su editorial publica.


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Lista de libros

"Celebración en el club de los viernes" de Kate Jacobs.
"Reflexiones de un iluso" de EmotionCooking.
"En la ciudad de oro y plata" de Kenicé Mourad.
"L'auberge, un hostal en los Pirineos" de Julia Stagg.
"Si tú me dices ven lo dejo todo...pero dime ven" de Albert Espinosa.
"La costurera de Khair Khana" de Gayle Tzemach Lemmon.
"Ginko, la primera doctora" de Jun' Ichi Watanabe.
"Amigas entre fogones" de Kate Jacobs.
"El príncipe de los oasis" de Fernando Schwartz.
"El club de los viernes se reúne de nuevo" de Kate Jacobs.
"El club de los viernes" de Kate Jacobs.
"El cuaderno de Maya" de Isabel Allende.
"El sueño del Taj Mahal" de Christian Petit.
"Sanando con alimentos integrales" de Paul Pitchford.
"La casa de los amores imposibles" de Cristina López Barrio.
"El tiempo mientras tanto" de Carmen Amoraga.
"Con el corazón en la mano" de Chris Cleave.
"Come, reza, ama" de Elizabeth Gilbert.
"Si no despierto" de Lauren Oliver.
"El médico del tiempo" de Ann Benson.
"La isla bajo el mar" de Isabel Allende.
"Contra el viento" de Ángeles Caso.
"La soledad de los números primos" de Paolo Giordano.
"La conquista de la felicidad" de Bertrand Russell.

"El cirujano de Al-Andalus" de Antonio Cavanillas de Blas.
"El rojo de las flores" de Anita Amirrezvami.
"
Maldito karma" de David Safier.
"La prisionera de Teherán" de Marina Nemat.
"
La catedral del mar" de Ildefonso Falcones.
"
Juntos, nada más" de Anna Gavalda.
"
Mil soles espléndidos" de Khaled Hosseini.
"
De una vida a otra" de Fernando Delgado.
"
El fuego" de Katherine Neville.
"
La esposa del Dios del Fuego" de Amy Tan.
"
La bodega" de Noah Gordon.
"
Escuela de belleza de Kabul" de Deborah Rodríguez.
"
El río secreto" de Kate Grenville.
"
La doctora Cole" de Noah Gordon.
"
Seda" de Alessandro Baricco.
"
El secreto de la porcelana" de Emilio Calderón.
"
La montaña en las nubes" de Aimee E. Liu.
"
La hija de la Esperanza" de Luis Alberto Urrea.
"
Chamán" de Noah Gordon.
"
Las cenizas del cielo" de Alma Alexander.
"
La última emperatriz" de Anchee Min.
"
Tierra firme" de Matilde Asensi.
"
El origen perdido" de Matilde Asensi.
"
La ladrona de libros" de Markus Zusak.
"
El último catón" de Matilde Asensi.
"
Un lugar llamado aquí" de Cecelia Ahern.
"
La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón.
"
El vagón de las mujeres" de Anita Nair.
"
La emperatriz de la seda, Los ojos de Buda" de José Fréches.
"
La emperatriz de la seda, La usurpadora" de José Fréches.
"
La emperatriz de la seda, Techo del mundo" de José Fréches.
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1 de enero de 2008


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