12 de febrero de 2009

Tantos chinos no pueden estar equivocados


Apenas tenía ocho años, cuando una mañana de domingo me entretenía leyendo el Génesis de la Biblia que estaba en casa.
Alguien puede pensar que no es lectura para una niña tan pequeña, pero ¿por qué no?. Nunca he destacado por ser específica en mis gustos literarios; simplemente, leo por el gusto de leer, desde las etiquetas de los productos del baño hasta el libro más denso que haya caído en mis manos.
Y así andaba yo entre personajes centenarios, que se estrenaban como padres, cuando una duda surgió. Salté de la cama y fui en busca de mi madre.
“Mamá, ¿estás segura que Dios es Dios, el nuestro, el cristiano?”.
Mi madre que estaba inmersa en el trajín dominical de preparar la comida familiar, me miró y me dijo- “¿Por qué me preguntas eso?".
Le contesté que me había enterado que en China, un país lejano, donde vivía mucha gente, tenían una religión distinta.
La buena mujer, que seguía con su coreografía de sartenes, ollas y menesteres, me dijo – “Todos los caminos llevan a Roma”.
“¿Roma? . Roma está en Italia, donde vive el Papa” – pensé.
Me di la vuelta, caminé hasta la puerta de la cocina, me giré y le dije:
“Mamá, tantos chinos no pueden estar equivocados”.
Nunca le he preguntado si aquella sentencia, matutina y acalorada, la sacó, por un momento, de su quehacer como cocinera, pero yo jamás he olvidado aquella “enorme duda dominical”.
En realidad no me preocupaba la religión, sino pensar que era posible que existieran otras verdades, igualmente válidas, por muy extranjeras y lejanas que fueran.
Años más tarde, mientras me deleitaba leyendo “Peonía” de Pearl S. Buck , encontré el siguiente pasaje, donde un chino de origen judío le preguntaba a otro sobre las razones que estaban llevando a que su “pueblo” estuviera siendo asesinado:

- ¿No somos nosotros los elegidos de Dios?- balbució.
-¿Quién dice eso, excepto nosotros mismos? – replicó Kao Lien.

Han pasado algunos años más y el marcapáginas sigue señalando el lugar donde encontré la respuesta a mi duda infantil y que nada tiene que ver con las religiones del mundo.
Mi duda, en su esencia más pura, consistía en averiguar si las verdades podían ser “verdaderamente” absolutas.
La fe puede mover montañas, pero una fe ciega es muy posible que te impida ver donde se encuentra la montaña que quieres mover y, además, según desde donde mires, tendrás una visión u otra, lo que puede hacer que cambies de planes.
Lo que tantos miles de chinos me hicieron comprender, a tan tierna edad, es que todo es relativo, por más que algunos se empeñen en enseñarte lo que es verdadero. Luego aprendí que Einstein había teorizado sobre la relatividad, pero con ocho años aún no sabía nada de científicos, ni teorías.
Yo sólo quería que no me engañaran.

2 comentarios:

ClaveDeSol dijo...

Las distintas religiones... ¡qué tema más apasionante! A mí también me apasiona leer sobre distintas creencias y formas de vivir. Una de las que más me llaman la atención es el budismo. También la implicación que tienen los chamanes con la naturaleza me resulta bastante sorprendente.

Tal vez esta curiosidad sea más bien motivada por la necesidad de creer en algo más que por un hecho antropológico.

Pero de algún modo, algo me empuja a sentirme más vinculada con cierto cristianismo (en oposición al catolicismo), o a sentirlo como algo más cercano. Es la consecuencia de haber nacido en este país. Nada es casualidad.

Pero resulta apasionante levantar la mirada y ver todo lo que se cuece por el mundo. Hacer esto descuadra tus esquemas, los modifica o los deshace. Pero a la larga, los enriquece y mejora.

Hay demasiadas cosas que aprender como para quedarse con lo único que conoces.

María Hernández dijo...

Entiendo perfectamente lo que quieres decir al sentirte más vinculada al cristianismo.
Forma parte de nuestra cultura, como bien dices, hemos nacido en España.
Yo lo interpreto de esta forma. Es el idioma que nos han enseñado para comunicarnos con el Creador. Sabemos algunos rituales, algunas prácticas y algunas oraciones. Simplemente ésto hace que, en caso de "necesidad", utilicemos estas fórmulas para poner la "conferencia".
Mi Roma es más grande y lejana que la de mi madre. Mi Roma es como Babel, con muchas lenguas y creencias. No tiene ubicación precisa, puede estar en el Universo o dentro de nosotros mismos y se puede llegar desde cualquier camino. Me gusta pensar que todos hemos sido "elegidos" para vivir en este mundo, independientemente de la raza, religión o idioma que utilicemos.

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