15 de mayo de 2009

Un trocito de felicidad en estado líquido


Hay momentos en la vida…
donde sentirse un poquito feliz parece inalcanzable, como si de un reto descomunal se tratara.
Hay momentos en la vida…
donde la tristeza me embarga y no soy capaz de despejar el alma.
Por eso, hay momentos en la vida…donde debo dejarme rozar por una brisa, un caricia, un arrullo o un aroma y que mis sentidos despierten.

La mañana me trae un nuevo rayo de sol que, tocando en mi ventana, me hará aprovechar esa energía para sentirme mejor.

Voy a por mi primer café del día.

Es un ritual, donde todo tiene sentido y sentimiento.
Preparo la cafetera cuidando de no olvidarme de disfrutar de los elementos: oír como se llena de agua fresca y transparente…manantial de vida; oler el café molido; tocarlo con los dedos, sentir su textura granulosa...y esperar, mientras el fuego extrae toda la fragancia y todo el sabor del grano . Mientras espero, elijo el recipiente adecuado para este momento.
Por fin, la cafetera comienza a humear, llenando el ambiente de perfumes de madera, semillas y sol.
Hago los honores y sirvo el café. Me instalo en la silla, me preparo para el instante mágico, lo observo desde cierta distancia.

Ahora empieza el principio de mi trocito de felicidad de hoy.

Lo tomo entre mis manos, notando su calor entre mis dedos….

Lo acerco hasta mis labios, pero sólo para atraer sus aromas a mi nariz. Lo huelo, lo husmeo. Me dejo embriagar por su fragancia fuerte, poderosa, que excita mis sentidos.
Lo retiro de mi, vuelvo a observar su color de ébano intenso…su cuerpo…su fluidez espumosa.
Nuevamente, lo tomo entre mis manos, lo acerco a mi rostro disfrutando de este preludio con los cinco sentidos.
Entonces, como una ciega pasión, mis labios se abren para recibir el oro negro que exalta mi conciencia .….y me dejo llevar por sus esencias.


Ese íntimo contacto, tan mío, tan suyo…ese dar y recibir, me complace de tal manera que, consigue hacerme soñar con lugares idílicos y calma mis ansiedades y angustias transformándolas en nada.

Así, lentamente, voy apurando mi primer café, mientras me cambia la cara y una sonrisa llena mi rostro.


Nunca nadie ha podido adivinar por qué mi primer café puede cambiarme tanto…no imaginan, siquiera, qué puedo estar pensando. Ahora, tú si lo sabes….

¿Te apuntas?

5 comentarios:

ClaveDeSol dijo...

¡¡Perfecto, María!!

Esa es la idea, disfrutar de cada momento hasta exprimir la esencia de lo que puede puede parecer insignificante.

Leer tus palabras, y sobretodo, determinadas entradas, me produce un sentimiento parecido. Cuando te encuentras en una muy buena etapa de tu vida, es fácil sacarle éste sentido a situaciones, que en otras circunstancias símplemente serían catalogadas de agradables.

Lo que es digno de ademirar e importante intentarlo, es conseguirlo cuando las cosas van más torcidas de lo que nos gustaría.

Besazo, pero de los sentidos, de los grandes!!

Casa de Los Cuentos dijo...

María, hola María

Me has llenado de ternura la mañana... y se me hizo agua la boca... voy a prepararme un café... me apunto.

Un saludo, desde Venezuela. Jabier.

(P.D. Me encanta sentir que estás bien.)

Josep Julián dijo...

Hola María: Ahora que empiezo a conocerte un poco, me da la sensación de que ese ritual de la primera taza de café del día no debe ser el único y que, seguramente, jalonarás la jornada con otros momentos mágicos, en los que tal vez el café no juegue un papel tan primordial y lo sustituyas por otros elementos. Algo de esto nos has contado en el "ritual de hornear".

Cuando alguien encuentra placer en las cosas pequeñas está plenamente capacitado para experimentar las cosas grandes (es un tema de escala, simplemente)y si se logra disfrutar de la misma manera en unas y otras, entonces es que uno es sabio porque lo que es una lástima es que quien tiene posibilidad de poder pagarse los "grandes placeres" ni lo difrute ni los ceda.
He ehcado un vistazo a tu "biblioteca virtual" y veo que no has leído un libro que te recomiendo (a tí y a quien le apetezca y que se asome a este balcón tinerfeño). Se llama "Confianza", es cortito, está editado por Ediciones Urano y está co-escrito por una persona especial que se llama Leila Navarro. En mi blog encontrarás un enlace a su página en el apartado "enlaces de interés". Si no has entrado nunca te recomiendo que lo hagas y que bucees entre sus vídeos.

Un saludo afectuoso.

María Hernández dijo...

Mar (ClavedeSol):

Esta entrada la colgué anoche, tras leer la tuya: http://siloquiereshazlo.blogspot.com/2009/05/perfecta-felicidad.html

La búsqueda de la felicidad es un tema universal y todos nos hemos planteado alguna vez ¿dónde estará¿ ¿Cómo alcanzarla?.

¿Sabes? hay veces que la VIDA tiene que darte un gran portazo, sonoro y atroz, para que reacciones. Por supuesto, lo más difícil es buscar una motivación cuando las cosas marchan mal, pero... ¿acaso el sol no sale cada día? ¿cuando nada tenemos, ya éso, por si mismo, no es un buen aliciente?. Un nuevo día es como un gran recipiente de puertas nuevas. Hay que salir, respirar y proponérselo, porque HOY puede ser ese gran día.
Besos, guapa.


Jabier (Casa de los Cuentos):

¡Qué sorpresa tan agradable ver que aún sigues visitándome! No te faltan compromisos, porque sólo hay que visitar tu web para ver como cada día crece, afortunadamente. Espero que el café te sentara genial.
Saludos.


Josep Julián:

Creo que tienes razón, hay muchos rituales a lo largo del día, pero...si tuviera que elegir uno, me quedo con el del momento "Pandora", que es aquel donde me meto en la cama, tomo un libro y "desaparezco" hasta reencontrarme unas páginas más allá, cuando el sueño me vence.

Acepto la recomendación del libro que me haces, aunque te diré ya he visionado algunos vídeos de Leyla.
Lógicamente mi "biblioteca" es mucho más extensa, aquí solo aparecen los últimos leídos.

P.D. "Pandora" es el nombre que usé para describirme cuando leo en un post anterior llamado "El leer no ocupa lugar".

Saludos

bicipalo dijo...

A veces, cuando pedaleo por la sierra, paso junto a casitas aisladas, sin tendido de luz, sin agua corriente..., pero mas de una vez, de esas construcciones humildes a emanado el aroma de una cafetera Oroley gorgeando ese café frecién hecho..., en esos momentos sonrio aspirando ese olor, antes de que se disipe en el bosque y sonrio, imagino a alguien, no seporque siempre mayor, casi anciano...,sirviendose una tacita, tocado de leche o solo sin azucar..., como bien dices es un momento de placer,es un amanecer, el momento de calma ante un dia que no sabes que rumbo tomará, aunque muchas veces tenemos el timón ahí a mano, pero algo nos impide manejarlo..., cosas de la psiquis.
Besitos.

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