5 de mayo de 2011

Doble asiento

Dicen  que hay imágenes que hablan por si solas, sin más ornamentos, y que merecen plasmarlas al lado de un “No coment”.
Esta es una de ellas.
Una silla de preescolar, otra del pasado. Lo joven y lo viejo. Lo que empieza y lo que acaba.
El paso de la vida en dos asientos.

Unos minutos antes, en esas sillas estaban sentados, hablando de sus cosas  a la sombra de una terraza,  dos hombres muy importantes: mi padre y mi sobrino. El uno con 78 años a la espalda, el otro con 3 y entre ambos, tres cuartos de siglo.

La foto lo dice “casi” todo, pero cada silla tiene su propia historia.

La pequeña apareció en casa tras cambiar el mobiliario escolar del colegio donde trabajaba mi madre. Un buen día estas sillas con asiento de madera, que nos acompañaron en nuestras horas de puntitos y cartillas, pasaron a ser “peligrosas” por las astillas que podían desprenderse y todo se cambió por otro tipo de material: “más higiénico y seguro”, supuestamente. Mi madre, que  siempre tiene ojo para ver las segundas oportunidades, no dudó en rescatarla de su inmediato destino en el vertedero y convertirla en “robusto banquito” para alcanzar, sin tanto esfuerzo, las cuerdas de tender la ropa. Y ahí, en el patio de casa, ha pasado los últimos años; algunas veces, usada como improvisado asiento entre ropa tendida, otras como escabel, hasta que ha vuelto a servir para lo que fue concebida: albergar las posaderas de un infante.

La otra, la verde, tiene más historia, tanta como años. Perteneció a mi abuela. Formaba parte de un grupo de seis sillas, iguales, adquiridas en un pueblo sureño de la isla y de fabricación local. Sus patas se aposentaron en distintos domicilios familiares o, incluso, ajenos, porque en aquellos días, el préstamo entre vecinos de enseres domésticos era habitual, para poder organizar las celebraciones más importantes, como las bodas.   
Su aspecto originario era otro, de madera oscura de tonos rojizos, de humilde diseño, pero “decente” en casa de pobres.
Con el paso de los años, con sus idas y venidas y el uso cotidiano, fue perdiendo su esplendor y fondo.
En algún momento de su historia y con el fondo reparado, se encontró entre brochas y pintura verde. De allí no escapó ni el gato; aquella diminuta cocina rezumaba “esperanza” por los cuatro costados. El aparador, la alacena de cristales, las baldas para las ollas, siempre relucientes, las sillas, todo quedó “verde que te quiero verde”.
Mi memoria no alcanza a recordarla de otra manera, por lo que del arrebato “bucólico y primaveral” de mi abuela ya han pasado muchas lunas, lluvias y nieves.
Cuando los años hicieron más mella entre mis abuelos que entre su mobiliario, la silla verde se mudó de nuevo. A pesar de todo, aún seguía siendo robusta y fuerte y era más adecuada para servir de asiento a los abuelos que esos inestables taburetes que se “esconden” bajo la mesa de formica de la cocina de mis padres.
Como una señora silla, tomó posesión de una de las cabeceras de la mesa familiar y ahí sigue, siempre verde, siendo la preferida de todos, aunque desentone por los cuatro costados.
Mi hermana pequeña la quiere heredar y así será, y aunque hemos hablado de “restaurar los valores por defecto”, nos resistimos, en silencio, a eliminar el toque verde de mi abuela, como queriendo mantener su "esencia" entre nosotros.

Hoy, cuando están juntas, como en la foto, comparten destino. El abuelo que le cuenta al nieto, el nieto que pregunta “¿Y por qué?”, el abuelo que responde, la curiosidad del nieto que no cesa y la historia continúa.
Sólo eran dos sillas que lo decían “casi” todo, el resto lo cuento yo.

11 comentarios:

Katy dijo...

Hola María que alegría leer algo tuyo de nuevo tras este largo silencio de reflexión supongo. Creo que estás bien aunque algo nostálgica.
Esta historia de abuelos y nietos me suena...
Siempre igual, la punjanza de la juventud y la experiencia del mayor. Al final los extremos se tocan.
Precios recuerdos adornan hoy tu blog que en algun punto se encuentran con los mios.
Un beso

María Hernández dijo...

Hola Katy:
Pues verás, tanto como reflexionando, tampoco. Más bien he estado haciendo cosas que antes no podía hacer como ir a la frutería del barrio, ahora que puedo permitirme ir en su único horario de mañana, o tumbarme en la butaca del balcón notando el calorcito del sol de sobremesa, o cocinando y compartiendo mesa y mantel con mi hijo, o iniciándome en el fabuloso mundo de las semillas germinadas para enriquecer mis ensaladas y favorecer mi salud, o leyendo mucho, o compartiendo más horas con mi familia.
Si alguna reflexión existe es que hay cosas en la vida que merecen ser importantes y otras que no lo merecen tanto, aunque tendemos a olvidarlo fácilmente.
Y nostálgica, tampoco, porque eso significaría recordar con tristeza y no es mi caso. Mucho menos cuando se trata de los días de mi niñez. En ese caso, recordar es como maquillarme con una sonrisa infantil. Me gusta saber que vengo de un lugar donde me gustó vivir. Los recuerdos que no duelen sólo pueden ser felices.
Espero no volver a perder la costumbre de escribir, aunque lo mío va por impulsos; de repente, me asaltan ganas de contar cosas, como lo mismo me apetece vivirlas (para contarlas después, jeje).

Muchos besos, Katy y gracias por no perderme el rastro. Después de tantos días de "silencio", se agradece la visita de un amigo.

GLORIA dijo...

DEspués de un día muy duro, me encuentro cone sta foto y sonrio...gracias
Besos, hermana

Fernando López Fernández dijo...

Hol Maria:

QUé bueno volver a leerte. A mi el post me ha parecido preciosos porque habla de generaciones, de sueños, y de vida. Y eso siempre merece la pena recordarlo.

Po lo demás, veo que estas bien y eso es lo importante.
Un beso y bienvenida de nuevo.

María Hernández dijo...

Hola Gloria:

Que hayas sonreído con esta foto demuestra que nuestros recuerdos son de los "buenos" y me alegra que te haya aliviado la tensión del día.
Besitos para ti, hermana.

María Hernández dijo...

Hola Fernando:
Gracias por la "bienvenida", se agradece.
Ojalá me quede mucho tiempo para intentar seguir aprendiendo a contar "recuerdos", tal como lo hace mi maestro: mi padre. Su capacidad para relatar con positivismo hasta el recuerdo más dramático es mi meta.
De alguna manera "natural" ha aprendido a integrar en su vida lo vivido, haya sido bueno o malo y no lo considera un lastre sino parte de su historia.
Yo lo intento, pero aún me queda mucho camino por recorrer.
Un beso, Fernando y buen fin de semana.

Felipe Tajafuerte dijo...

Me ha parecido una entrada llena de ternura y sensibilidad. Siempre es grato volver a los recuerdos felices. Un saludo

Josep Julián dijo...

Hola María:
Yo también me alegro de volver a verte publicada. Has dado una explicación a Katy que creo que nos ha valido a todos. Los ritmos son los ritmos pero la verdad es que te echábamos de menos.
Tu post habla de un ayer y un mañana conectados por un hoy en el que es posible que abuelo y nieto conversen. Cuando pase el tiempo, ese será más que un recuerdo, será una herencia.
Los que te conocemos un poco ya sabemos de la afición de tu familia por el reciclaje, costumbre que hace posible este tipo de reencuentros en este caso de sillas que tienen tantas cosas que contarse.
Me alegro de saber que estás bien. Y quedamos todos a la espera de buenas noticias.
Un beso.

María Hernández dijo...

Gracias, Felipe.
Dicen que no es bueno "vivir en el pasado", pero nadie critica el tener memoria. ¿Si es tan bueno, por qué no usarla?, jeje.
Un saludo, gracias por tu visita.

María Hernández dijo...

Hola Josep:
La alegría es mía por encontralos a todos aquí.
Ahí le has dado, "herencia", eso es lo que creo y en eso me afirmo. Lo que sé de mis mayores, de los presentes y los ausentes, de sus historias, sus viviencias y las mías propias, forman parte de un legado muy importante; el que nos "cuenta" de dónde y de quienes venimos.
Hoy, sin querer, recordé una cancioncilla infantil que la abuela paterna de mi hijo le cantaba de vez en cuando, cuando apenas era un bebé. La cara que puso de sorpresa al recordarla al tiempo que la cantaba, no tiene precio. Es su legado y me gusta saberme "portadora del anillo" mientras no se me engarroten los dedos, jeje.
¿Buenas noticias? Ya lo son, tal como están, pero si te refieres laboralmente hablando, lo serán, tarde o temprano. Aunque si conoces a alguien con necesidad de una estupenda secretaria con conocimientos de "cómo contar cosas", ya lo sabes, estoy "free", jaja.
Besos, Josep, gracias por venir a verme y darme tu bienvenida.Se agradece.

PINEDAART dijo...

hola saludos desde Morelos Mexico que tu vida este llena de amor y bendiciones departe de jha

Hola te invito a ver y ser parte del grupo de seguidores de mi bloger
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