19 de junio de 2009

Me crecieron los enanos


Al mismo tiempo que la primavera nos regala el color de sus primeras flores, durante el mes de abril, llegan los “becarios” a mi vida. Son chicos y chicas que están a punto de acabar sus estudios y vienen a hacer prácticas de empresa.

Durante los primeros días, entre compañeros, decimos cada año “Otra vez nos ha tocado”, porque el tener que convertirnos en enseñantes obligados, durante un par de meses, se nos hace pesado, o no tenemos ese don para explicar, o, simplemente, pensamos que nos retrasa nuestro propio trabajo, del que sí tenemos que dar cuenta.

A mi, personalmente, no me cuesta mucho, pero reconozco que las tareas que realizo no son las que ellos han imaginado que van a aprender durante sus días de prácticas, aunque, indudablemente, mi trabajo forma parte de las empresas para las que se han estado preparando durante algunos años, aunque nadie se lo advirtiera.

Estando así las cosas, no me extrañan nada las caritas que ponen cuando, desde el primer día, les enseñan el departamento y alguno de ellos queda a mi cargo durante unos días para que lo aleccione sobre los pormenores de mis funciones, hasta que le toque a otro pasar por la misma experiencia.

Lo primero que noto es un atisbo de decepción, como quien se está diciendo “pero si yo lo que quiero ser es....”, y por eso intento explicarles la importancia que tiene el saber cómo funciona este departamento de cara a su futuro trabajo en otros. No me gusta que sus ilusiones se rompan nada más empezar y que poco a poco vean que podrán practicar en otros departamentos. Intento que no se desanimen y que comprendan que las empresas no están formadas por profesionales “individuales” sino que es labor de un equipo de personas, más o menos numeroso, pero siempre ligado a un fin común: terminar un producto lo mejor posible.

Poco a poco y según pasan los días, aquél departamento tan ajeno a sus sueños, se convierte, poco menos que, en su lugar de referencia, donde acuden al entrar en la empresa, donde dejan sus pertenencias, donde regresan cuando no saben que hacer, donde me encuentran y compartimos de todo un poco; charla, conocimientos, problemas, la hora de comer, risas, dudas, etc. y de tener uno sólo, acabo con todo el grupo reunido.

Cada primavera llegan hasta mí “nuevos becarios” desconocidos y cuando el verano está a punto de empezar, al término de sus prácticas, los que se van, no son los mismos que llegaron; los que se van son “mis nuevos amigos”, aunque, en algunos casos, les llego a doblar la edad.

Entre ayer y hoy me he tenido que despedir de “mi grupo”: Alberto, Gabi, Judith. También lo he hecho con otro grupo con el que no tuve tanta relación: Chaxi, Héctor y Camilo. Pero siempre me quedo con una sensación extraña, como quien deja marchar a alguien especial, como si me hubieran "crecido los enanos", y al mismo tiempo me alegra saber que han acabado su formación y ante ellos se abre otro nuevo mundo de expectativas. No me gusta que sea un “adiós definitivo”, sino un “hasta luego” y, al mismo tiempo que reparto besos y abrazos, les doy mi email, para que sepan que no fue una obligación para mi, sino todo lo contrario, una experiencia que siempre me enriquece, que me contagia su ilusión, que me hace olvidar que un mal día de abril dije
“Otra vez nos ha tocado”.

Para Alberto, Gabi y Judith: mis mejores deseos para vuestro futuro y espero que algo de lo que compartí con ustedes les quede, aunque sea para provocar una sonrisa al observar, con interés, las “cosas” que muestra el reflejo de un espejo en una foto. Con todo mi cariño.

11 comentarios:

Josep Julián dijo...

María:

Por culpa de los “duendes de la informática” he tenido que repetir el comentario, así que espero que si ves dos, no te extrañes.
Decía que estoy seguro de que los “enanos” que te han asignado en este turno están en las mejores manos posibles y seguro que aprenderán mucho más que los que caigan en departamentos de mayor relumbrón pero en los que seguro que se hinchan de pegar sellos en las cartas y poco más.
De todas formas, tampoco no me parece mal que estos chicos que acaban la carrera pasen una cura de humildad y que aprendan lo que es la vida real. En cualquier caso, no me extraña que se dejen caer por tu “rincón zen” (por algo será).
Eso me recuerda cuando yo hacía prácticas cuando estudiaba ATS (sí, todos tenemos un pasado). Cada curso nos asignaban a un servicio. El primer año me tocó cirugía (bien), el segundo dermatología (mal) y el tercero hemodiálisis (peor, porque se me murió un enfermo).
El caso es que el día que empecé en dermatología llegué allí y vi a un enfermero que estaba masajeando la cabeza de un señor. Al verme llegar y presentarme me dijo que me pusiera unos guantes de plástico y que me pidió que le sustituyera mientras él hacía otras cosas y eso hice. ¡No te puedes imaginar la cantidad de granos duros que había debajo de aquel cuero cabelludo! Cuando al rato volvió el enfermero y sin que yo le hubiera dicho nada me indicó “está al fondo” y tuve el tiempo justo de llegar al baño y ponerme a vomitar. Lo cierto es que de todas las personas que me formaron, recuerdo a aquel enfermero como uno de los que más aprendí, así que estoy seguro de que tus enanos aprenderán mucho.

Un beso.

María Hernández dijo...

Hola Josep Julián:

Todos, como bien dices, tenemos "nuestro pasado" y no creas, el de ATS me gusta, eh? que la medicina es una de las ciencias que más me ha atraído y me atrae.

Los conocimientos laborales que les transmito a "mis chic@s" son básicos, porque les explico, no desde la idiosincracia de "mi empresa", sino desde la generalidad, para que cuando lleguen a otra casa tengan la base y puedan aprender las singularidades.

Pero si hay algo que me gusta que sientan es que una empresa no sólo es un lugar donde se trueca trabajo por salario, sino donde hay que aprender a relacionarse con distinto tipo de personas, donde cohabitas durante muchas horas de tu vida con la misma gente, donde llegar con mala cara, desde la mañana, solo hace que todo sea más cuesta arriba, donde los momentos de stress no tienen que superar a los momentos conciliadores.
Te contaré algo (espero que a Alberto no le importe):
Al poco de empezar este turno de prácticas, Alberto me hizo un presente. Me regaló una piedra, un jade, para que lo colocara cerca de mí. Según sus apreciaciones en aquellos primeros días, mi lugar de trabajo, la ubicación que tiene dentro de la empresa, entre una puerta de acceso general y un pasillo central, con cristales a modo de "pecera" hacen que mi persona sea el blanco inicial de cualquiera que llegue, porque soy la primera con la que se encuentran. Me dijo: "Estás expuesta a todo".
Reconozco que en un primer momento me sorprendió, pero luego agradecí mucho aquel detalle, aquella preocupación hacia mi persona.
Hoy, y espero que por mucho tiempo, el jade de Alberto está sobre la torre de mi pc, "neutralizando las malas vibraciones" para que mi rinconcito Zen siga siéndolo.

Eso es lo que me gusta que aprendan, que las empresas no sólo son números y materiales, sino que hay personas de "carne y hueso" que utilizan materiales para que salgan los números.

Si algo se llevan de mi rinconcito Zen, bien llevado sea y que les sirva de semilla para crear sus propios rincones. Ya saben que hay que regarla con sonrisas, que es el mejor fertilizante para la vida.

Un abrazo, Josep...gracias, como siempre, por tus comentarios.

Zulm@ dijo...

Pasaba a saludarte para darte las gracias por tus comentarios del otro día.
Un abrazo y buena semana ! :)

ClaveDeSol dijo...

Una gran labor la de tutorar prácticas. Para un profesor, todos sus alumnos son iguales, pero para un alumno SU profesor es único. Así que, enhorabuena por hacer una buena labor. :)

Josep Julián dijo...

Hola María:
Aquí de nuevo para decirte que cuando a uno le hacen un regalo inesperado es que en realidad es merecido.
No me cabe duda de que tus enseñanzas serán mucho más recordadas que las de otros.
Que pases un buen fin de semana.

bicipalo dijo...

Hola a todos..., tus primeras palabras son significativas, enseñar a alguien al tiempo que cumples con tus exigencias laborables es ecuación compleja, pero se que tu la resuelves con maestria. Sabes que yo trabajo solo, que no tengo empleados, que no tengo a nadie a quien enseñar mi oficio, lo que me enseñó mi padre, los conocimientos que me permiten vivir y comer..., y a veces eso me entristece,a veces echo de menos a alguien a quien adiestrar, a quien brindar la oportunidad de prepararse un futuro laboral mas o menos digno..., por eso te digo que tengas paciencia y que les sigas enseñando como haces verano tras verano, pocas cosas hay mas dignas que la trasmision sincera del conocimiento.

Gaby =D dijo...

Maríaa!!!:

Ante todo, disculpa por manifestarme tan tarde pero no suelo revisar el correo muy segudido!.
Mama María.. Ay María q me haces llorar!, dejame decirte q nunca imagine q mis practicas iban a resultar de esa manera, lejos de quejarme de "no aprender nada" agradezco muchiiisimo las horas compartidas contigo y los chicos, voy a extrañarlo muchisimo, de hecho ya lo hago, a ti te volverá a tocar y otros becarios tendran la dicha de haber compartido ratos tan agradables y especiales como los q hemos pasado en tu "zona zen" estos tres meses.. Realmente creo q aprendi mucho mas de lo q imagine, xq aparte de q por sí sola eres toooda una fuente de sabiduria (jajajaa realmente es asi!), tienes una personalidad encantadora y eres muy justa! De ti aprendí q no esta extinguida esa clase de personas como tu! espero q mi vida la sigan tocando mas Marías! aunque seguro ninguna como tu!!! un besote y un abrazo muy grande! q el año q viene te vuelve a tocar!! jajaja q si los del año siguiente son como nosotros no te van a dejar ni un respiro sola!! Ya seguiremos estando en contacto, no olvides q te vamos a visitar asi q preparanos un compactado a ver si hacemos algo jajajaaja.. Un gran placer haber compartido contigo!! muuuah!!

María Hernández dijo...

Hola a todos:

ClavedeSol:
La palabra "profesor" me queda muy grande, pero si algo aprendieron y no sólo sobre la materia que creían que iban a aprender, mejor aún. De todas formas, gracias por la enhorabuena, aunque la que mejor parte se lleva, siempre soy yo.

Josep-Julián:
Los verdaderos regalos de esta historia, son ellos. Lo que nos hemos reído con sus ocurrencias, jajaja.

Bicipalo:
Tendremos que ir investigando para el curso que viene si hay algún módulo en tu Comunidad que permita hacer prácticas de empresa en tu profesión y ver si hay posibilidad de que puedas transmitirle tus conocimientos a jóvenes que se estén formando en tu campo. Ya verás como te encanta ser "tutor" de un joven; es toda una experiencia para ambos.

Gabi:
Gracias por pasar por aquí y dejarme tu comentario; quien lo lea va a pensar que nos pasamos el rato de "vacilón" eh?, jajaja. Bueno, también, pero lo importante es que conocieran el "engranaje" de una empresa y de cómo hay que compartir con todos para que sea una relación fructífera, en todos los sentidos.
Aprovecha tu juventud, tus fuerzas e ilusiones para seguir formándote, no solo en la profesión en la que coincidimos, sino en muchos otros órdenes de la vida. Tienes mucha habilidad con la cocina, jajaja, ¿crema de auyama con espinacas?, jeje.
Mantén la curiosidad por todos los temas que toquen en tu puerta. Siente que aprovechas el tiempo y disfruta con lo que hagas. Pero sobre todo, sigue siendo tú, Gabi.

Y por supuesto, que les espero...vengan cuando quieran o escribánme que mi rincon Zen está disponible para vosotros SIEMPRE.

Un beso muy grande, Gabi. También te echaré de menos.

María Hernández dijo...

Z@lma:

Gracias por pasar y desearte que todo se pueda solucionar en un futuro.

Saludos.

Economía Sencilla dijo...

Hola, María, te he encontrado!! (a través de nuestro amigo común, Josep Julián...)

Muy interesante lo que cuentas, en un principio la historia me recordó cuando yo empecé a trabajar -ya hace unos cuantos años :)
y tuve a alguien que también me enseñó esos detalles que no se aprenden en la facultad, pero que son muy necesarios en el mundo de la empresa. Por cierto, que en muchas empresas no hay nadie que haga esta importante labor, con lo que la persona nueva, tanto si es novata como si no, aunque especialmente en el primer caso, se encuentra bastante perdida.

Cuando llega gente nueva, siempre es un poco latoso explicarles cosas que a lo mejor ya tienes muy sabidas, pero que ellos no conocen; con un poco de empatía, que por lo que veo a ti te sobra :), te das cuenta de que a ti te gustaría que te tratasen bien al entrar en la empresa, y que el recibimiento y la entrada sea lo mejor posible, y por lo tanto así tratas de hacerlo con los demás.

Yo, por ejemplo, en mi vida laboral he tenido un poco de todo, desde empresas en que me han recibido al estilo que tú lo haces, hasta el contrario, las que te dejan "a tu bola" desde el primer día. Yo creo que cuando viene alguien nuevo, es bueno hacer un esfuerzo por acercarse a él/ella con cualquier excusa, para facilitarle la integración y el rápido conocimiento y aprendizaje de cómo funciona la empresa. Aunque al principio ralentice las tareas, después será beneficioso para todos.

Un saludo
Pablo Rodríguez

María Hernández dijo...

Hola, Pablo, encantada de tenerte por aquí.

Pues si, lo que apuntas sobre un "buen comité de bienvenida" es algo de lo que adolecen muchas empresas y no debería ser así, porque apenas se "gasta" un poco de tiempo en enseñarle la empresa, presentar a los compañeros y ubicar las dependencias y lo que lo agradece "el nuevo" no tiene precio.
Siempre recordaré mi llegada a la empresa donde trabajo. Apenas me habían presentado a las personas con las que directamente iba a trabajar (dos) y estaba más perdida que un pulpo en un garaje. El segundo día se acerca un compañero de otro departamento y me dice "Ah...eres nueva, muy bien, yo soy Santi y soy uno de tus nuevos compañeros". Aquello me llegó al alma, porque fue la única persona de una plantilla considerable que se acercó para presentarse.
Pues bien, un par de semanas más tarde contesté a una llamada de teléfono, era de una tienda muy conocida y preguntaban por Juan XXXX. Yo aún no conocía bien a todo el personal, por lo que me acerqué a la sala central y alzando un poco la voz dije "¿Quién es Juan XXXX?"... las caras se giraron, comenzaron las risas y alguien apunto: "Es tu jefe, María, tu jefe".

¡Tierra trágame! si el despacho del jefe está aquí enfrente...Oh my god, pero ¿quién iba a intuir que aquel señor al que había oído que lo llamaban Joan podía ser Juan XXXX?. Casi muero del disgusto, aún no había superado el periodo de prueba y me iba a ver de patitas en la calle. Por suerte, el asunto no pasó a mayores y mientras los demás seguían riéndose por "mi ocurrencia", pasé la llamada al despacho, que afortunadamente tenía la puerta cerrada, y no se enteró de mi "metedura de pata".

Si alguien hubiera tenido el detalle de enseñarme la empresa, de presentarme a mis compañeros y jefes o, en su defecto, entregarme un organigrama, este desaguisado no se hubiera producido porque, aunque me fallara el nombre de pila, me hubiera sonado el apellido.

Por eso no dudo nunca en presentarme si alguien nuevo llega y si, como en el caso de los "becarios", alguno cae en mi territorio les indico, incluso, dónde están los servicios y las máquinas de café y comida. Es que es muy triste estar con una fatiguita y no saber donde se puede sacar un café o tener la vejiga llena y sin saber donde desaguar.

En fin, lo dicho, un comité de bienvenida sería un buen comienzo de relación, no cuesta "tanto dinero", apenas un poco de voluntad y tienes a un empleado haciendo empresa desde el primer día.

Un saludo, Pablo y vuelve por esta casa cuando quieras.

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