
En estos momentos, donde el peor agorero nos condena a crisis a la perpetuidad y el mejor nos augura un año movidito, no faltan gurús, columnas periodísticas, foros, debates, blogs, espacios radiofónicos o televisivos donde intentan instruirnos sobre cómo se maneja una crisis y hasta dónde debemos cambiar para conseguir superarla. Incluso analizan aquellos índices que han ido mostrando durante meses la que se nos avecinaba y que aún arrojan datos sobre el comportamiento económico.
Hay teorí
as para todos los gustos, pero, tal vez, unas de las más conocidas es que en época de crisis se consumen más barras de labios color rojo. No dudo que las ventas de este producto puedan incrementarse, pero no he visto nunca a mi madre con “las bembas colorás”, como decía Celia Cruz y, en cambio, le escucho decir a menudo “Yo siempre he vivido en crisis” y no le falta razón porque algunas (y gordas) ha tenido que sobrellevar.
Algunos autores apuntan otros índices a tener en cuenta: cifras de venta de vehículos, éxito o fracaso de rebajas, consumo de galletas tipo “María”, largo de las faldas, venta de juegos de mesa, longitud de la melena, e incluso, hacer o no comentarios en foros económicos. Ahí es nada.
Pero la capacidad de observación, afortunadamente, es universal y tanto la puedes tener tú, como yo, o como mi hermana que como buena “observadora” de lo divino y humano ha encontrado un nuevo índice que muestra, con precisión, como la economía se “enfría”.

Hace ya para dos años, nos comentó que “algo” se estaba cuajando porque, de repente, habían empezado a aparecer, en los congeladores de los supermercados, aquellas, ya casi olvidadas, piezas de carne de vacuno, conocidas como “palomitas”. Recordaba, perfectamente, cuando había sido la última vez que el consumo de carne congelada había sido de uso generalizado entre la población “de a pie”.
En los años 70 era muy conocida la que venía de Argentina y de la que las familias canarias eran consumidoras habituales, seguramente debido a las facilidades de importación que suponía disponer de puerto franco. Esta particularidad de los puertos del archipiélago ofrecía algunas ventajas como poder adquirir productos de procedencia, por ejemplo, británica, en el sector de la alimentación, o japonesa, en aparatos electrónicos que resultaban más asequibles que en el resto del país o donde eran desconocidos.
Después del “toque de atención” de mi hermana, he seguido con interés, a lo largo de estos meses, como el espacio que se dedicaba a los congeladores en distintos establecimientos se ha ido incrementando, así como la oferta y demanda de productos congelados, especialmente, carnes, de procedencia variopinta y precio bastante más reducido que la carne fresca, como las “palomitas” (paleta de ternera), pechugas, alitas y cuartos de pollo, filetes de ternera, etc.
Afortunadamente, para los que como yo no somos muy amigos de lo cárnico, la oferta de verduras ultracongeladas también ha ido en aumento, de forma que podemos beneficiarnos de una gran variedad de productos de la “huerta polar” a un precio asequible. Y algo similar ha ocurrido con el pescado.

Que nuestra cesta de la compra contenga productos congelados (carnes, verduras, pescados) o enlatados, en lugar de frescos, no es mala fórmula para tener una dieta variada y económica en estos tiempos de crisis, pero no hay que comprar sin “observar” bien el etiquetado, porque aprovechando este chaparrón, hay quien ni cambia de color si nos intenta vender “gato por liebre”, bajo la excusa de abaratar costes.
Desde hace algunos meses vengo notando que los pimientos en lata, de una marca “genérica” (digámoslo así), proceden de China. ¿De China con la cantidad de pimientos españoles que hay?. Pues sí, de la misma China oriental, de manera que he dejado de comprarlos directamente, tengan o no tengan mejor precio que otros, porque NO me fío, ni de los pesticidas que pueden estar usando en su producción, ni de otros tantos agentes contaminantes y/o nocivos que pueden estar involucrados desde el origen hasta su manufacturación, quien sabe si al margen de una normativa (como la europea) que vele por nuestra seguridad alimentaria. Y que nadie se rasgue las vestiduras porque ejemplos hay a montones.
Pero ahí no queda la cosa.
Como lo de comer productos congelados parece cosa de “pobretones”, el concepto “fresco” ha vuelto a tener el caché que tenía antaño y parece que vivimos, casi, en viernes de vigilia pero la semana entera, añorando que nos de “el fresco”.

Así no es extraño encontrarse a alguien que le echa un ojo al pulpo que parece que le está diciendo “llévame contigo” desde la vitrina de la zona de pescadería, tan pulcramente envasado, con ese brillo tan particular y esos tentáculos que parecen reclamar un abrazo, hasta que logra hacer sucumbir al comprador que, ya para sí, anda diciendo “un día es un día” mientras mete en el carro de la compra lo que cree es “pulpo fresquísimo de ayer”.
¡Ay, ay, ay! Si hubiera mirado la etiqueta se habría percatado que hay una X donde dice “Descongelado” y que la fecha de ayer es del envasado, pero no se fijó tanto. ¿Y qué pasará si al llegar a casa cambia de parecer y de menú y cree que lo conveniente sería congelar el pulpito “para el fin de semana, que tendré más tiempo” ?. ¡Al garete la cadena de frío!. Y lo peor de todo es que este pulpo era igual que los que estaban en los congeladores del super, al mismo precio inclusive, pero creer que “es oro todo lo que brilla” le ha jugado una mala pasada a nuestro vecino.

¡Ojo al etiquetado! que tener el cinturón apretado no debe ser sinónimo de ingenuidad y aunque la crisis congele nuestra economía y el contenido de nuestra cesta de la compra, hay que agudizar los sentidos y aprender a distinguir entre “el producto fresco en venta” y “el fresco que vende el producto”.
Mientras tanto y hasta que no vea volar, de nuevo, a “las palomitas” y los congeladores que las contienen, la crisis no habrá pasado, a juzgar por el valor de este nuevo índice económico.
Eso sí, las empresas dedicadas a los congelados estarán notando como sus ventas aumentan, sobre todo, las que ofrecen productos sin elaborar. ¿Cotizarán en bolsa? Si así fuera ¿habrán subido sus acciones?