16 de octubre de 2009

La silla de pensar


Hace unos días, una amiga de la familia y madre de dos niños, comentaba acerca del pequeño, recién incorporado a la vida escolar, lo siguiente:

“En cuanto pueda le voy a comprar a mi niño una “silla de pensar” como la que tienen en el cole, ¿verdad, Ángel?”.

Yo conocí lo que era una “silla de pensar” hace un par de años, cuando una amiga, profesora de preescolar, me comentaba que ahora no se puede decir “estás castigado” cuando un crío hace algo que no está bien. La palabra “castigo” es tabú. En su lugar se usa la “silla de pensar” que, además de ser una silla convencional, es un lugar de reflexión, donde los niños tienen que ir a meditar sobre la mala conducta que han tenido.

Comparando el sistema “educativo” (referido al comportamiento, no a los conocimientos) de ayer y de hoy, desde luego, nadie podrá decir que no son infinitamente opuestos. Una muestra o recordatorio “light” de lo que era, en tiempos pasados, lo podemos ver en el nuevo reality de Antena 3, "
El curso del 63",donde un grupo de adolescentes, de ahora, intentan adaptarse a las normas de ayer y hay que ver la cantidad de lágrimas y mocos que llevan derramados, porque aceptar, de repente, una disciplina de ese calibre, cuando no la habían visto así ni en pintura, les está pasando factura y de las gordas.

Tampoco se trata de volver a aquellos tiempos, pero lo de la “silla de pensar” me supera, desde cualquier punto que lo mire. A la temprana edad de 3, 4 o 5 años a la que pertenecen los niños de preescolar, lo de la reflexión parece que queda demasiado grande, lo suyo debería ser jugar. Yo no recuerdo haberme puesto a reflexionar cuando, en realidad, me estaban privando de “lo que fuera”, más bien rumiaba sin que me oyeran “lo cruel que es este mundo, nadie me entiende, nadie me quiere”. De hecho, aún conservo mi primer oso de peluche que era mi “refugio” particular para cuando las cosas se ponían feas; cogía a mi “osito” (nunca le puse nombre) y me metía debajo de la cama de mis padres como si, ese espacio reducido y de obligada posición horizontal, fuera un bunker a prueba de “regañinas” y le contaba lo desgraciadísima que era y lo poco que me entendían, "si yo no quise romper los huevos, solo tiré del cartón para ver lo que era y ...se cayeron".
Me imagino a un niño cualquiera que, después de tirar los lápices de colores porque no le gusta pintar, sobre todo porque tiene 3 años y aún no ha decidido si quiere hacer Bellas Artes, se encontrara “reflexionando” en la silla en cuestión:

“Ah..¿si?. Entonces cuando no quiera hacer algo, solo tengo que tirar los lápices y me mandarán aquí y NO lo hago.”

¡Qué bien! Ha dado resultado, el niño “ha pensado” algo.

Y encima parece ser que el origen de la "silla de pensar” es de lo más alejado a lo que se ha convertido: un castigo con otro nombre. Según un artículo publicado en la revista “Encuentro educativo”, este espacio fue creado para PENSAR, donde los niños pudieran recapacitar, reflexionar, sacar ideas sobre cualquier asunto que estuvieran tratando en la clase y no como un rincón donde te mandan cuando has sido malo.

Lo pueden llamar como quieran, lo pueden pintar de rosa si quieren, pero este espacio de “aburrimiento” no deja de ser lo que es, lo mismo que era para nosotros que nos pusieran mirando a la pared o nos sacaran de la clase si habíamos hecho algo mal. Eso sí, de cara a la galería, a la tontería tan grande que nos invade hoy, a ese ridículo de lo “políticamente” correcto, queda muy bien que, en lugar de usar la palabra castigo, se diga “silla de pensar”.

Lo triste es que PENSAR, para estos niños, estará relacionado siempre con CASTIGO.

Y si no, para muestra un botón. En un foro de la página “Crianza Natural” encontré el siguiente
comentario hecho por una de sus lectoras:

"Una tía mía ha sido abuela de un precioso niño adoptado hace poco. Tiene casi 3 años.
Situación: el peque quiere jugar con la pelota en el pasillo de casa. Le pide a su abuela que quite el jarrón que tiene, de porcelana, del medio del pasillo.
Mi tía le contesta: 'Muy bien, ¿al nene no le gusta romper cosas, verdad?'
Contestación: 'No, al nene no le gusta pensar..."


Cuidadito con lo que enseñamos.


Me pregunto cuántos lápices tiró “El pensador” de Rodin para verse anclado hasta la eternidad a una “silla de pensar”.



Si pensar es un castigo, quiero cadena perpetua.

11 comentarios:

Economía Sencilla dijo...

Pues me haces dudar, y mira que estoy yo interesado en el tema, por la parte que me toca!

Me gusta mucho la última frase, yo también quiero cadena perpetua...

Esto de la silla de pensar, lo he visto igual o parecido en el programa de la Supernanny, e increíblemente daba más o menos resultado, incluso con niños bastante conflictivos.

Quizás es que no estaban acostumbrados a pensar o a "estarse quietos", y ese "castigo" les resultaba suficientemente incómodo para no querer probarlo, no sé.

Pero ya sabes que estamos en la época de lo políticamente correcto, antes nuestras madres daban cachetes si alguien lo merecía, y no pasaba nada (si acaso, quien lo recibía procuraba tomar nota para que no le dieran más), y ahora, por cosas de ese estilo ya hay quien ha recibido una denuncia por malos tratos, con órdenes de alejamiento y todo. Pues dónde vamos a ir a parar....

Un saludo
Pablo Rodríguez

María Hernández dijo...

Hola Pablo:

Pues sí, a éso mismo que comentas es a lo que me refería. Hemos pasado de un extremo a la más pura imbecibilidad.
El post de Josep Julián de hoy viene muy bien para "ilustrar" una situación, hoy por hoy, habitual.

"Vas tranquilamente paseando por el parque y ves a una madre (o padre) que reprende a su hijo, cogiéndole del brazo mientras intenta ponerlo de pie tras la pataleta que acaba de tener. Horrorizado, miras al niño, miras a la madre "juzgándola" como si fuera una delicuente o peor aún, una maltratadora. Y no ha hecho nada, solo levanta a su hijo, eso sí, con una cara de mala leche y es que no es para menos, pero tú sigues pensando "vaya madre"".

¿Vaya madre?...pero estamos tontos o qué. No defiendo la violencia, pero es que no estamos poniendo límites por miedo al "qué dirán" y esta nueva generación, criadita a base de "vamos a reflexionar", es la misma que se pega en la puerta de los colegios, que ataca a los profesores, que destrozan lo que pillan, porque lo que está en la calle "es de todos", etc., etc.

¿Dónde está el respeto?. Respetar a las personas y las cosas no es sinónimo de "temer" a las personas y cosas.

Se deben respetar a los ancianos, no mirarlos como "desechos"; se debe respetar lo que no es tuyo, porque no lo es; se deben respetar las normas, porque en eso se basa la convivencia, etc.

A fuerza de creer que todo lo "de antes" era malo, hemos creado una sociedad "libre" atada al qué dirán donde prima "el no decir, por no pecar" aunque para ello hipotequemos nuestro sentido común.

Un saludo, Pablo.

bicipalo dijo...

Hola Maria,,,, Pili1 ya me hablaba de eso de la "silla de pensar", tu lo has definido muy bien, cuando vas a eesa comoda silla lo único que haces es planear tu siguiente fechoria o sacarte mocos que pegas en la parte de abajo del asiento..., comno hemos hecho todos. Con esas edades no se puede enviar a un niño a relfexionar, simplemente porque no sabe hacerlo, sus padres no le han enseñado..., la elfexion llega con el apendizaje y la madurez, con el conocimiento del bien y del mal, con el concepto de responsabilidad. A esas edades se les debe instruir, formar, educar y al tiempo demostrarles quien es el mas fuerte, demostrarles que mandan los padres y no ellos, entre otras cosas porque los padres son mas fuertes y altos..., suena un poco bestia, pero la realidad es esa. Cuando un niño reta continuamente a sus padres y gana siempre..., se está gestando un grandisimo problema para esa familia y para toda la sociedad..., pero claro, es que los niños de hoy son así ¿no...?, ¿o es que los padres son "asá"...?. Besitos Maria..., un post muy, muy, muy...ameno.

Germán Gijón dijo...

Hola, María:
Yo creo que todo esto es producto de una sociedad que, bajo la supuesta bandera de la "modernidad" ha pretendido "redefinir" los valores. Un ejemplo de ello puede ser la nueva concepción del libertinaje, en la época presente revestido de libertad y derechos individuales. Y así, el relativismo se impone frente a la racionalidad de siempre: más que nunca, las cosas pasan de ser como son a ser según el color del cristal que te pongan delante (no el que tienes tú).
De modo que ya no pueden nombrarse determinadas cosas con su verdadero nombre (no vaya a ser que entres en el terreno de lo políticamente incorrecto), actuar según determinadas convicciones (pues así pasas a ser un retrógrado totalitarista) o defender determinadas opiniones porque crees que realmente son así.
Ahora ha desaparecido el niño de "El sastrecillo valiente", ese que se deja de relativismos, psicologías de salón y gafas de colores, ese que mira alucinado a los demás y dice: "Pero, ¿se han vuelto todos ustedes gilip...? ¡Si está en pelotas!" Y ojo, que no se le ocurra volver a escena, porque lo ahorcan.
Un abrazo, María.

María Hernández dijo...

Hola Pedro:

Uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos es que hemos querido "crear" un sistema nuevo en cuanto a educación de los niños, haciendo que ellos se "adapten" a nuestro mundo adulto y no al revés, como debería ser.

Podemos encontrar todas las excusas posibles: las madres que trabajan, se necesitan dos sueldos en casa, los horarios son excesivos, llegas demasiado cansado/a a casa, etc., etc.

Dices, " a esas edades se les debe instruir, formar, educar...", pero esas cosas se hacen por imitación, más que por reflexión. Tú das el ejemplo y ellos asimilan hasta que su grado de madurez les permita adquirir otros conocimientos más "científicos".

Mucho tendría que cambiar nuestro modo de ver las cosas; desde la edad a la que los padres deciden serlo (será lo normal, pero no lo natural) hasta de qué forma y hasta qué edad deberíamos encargarnos, exclusivamente, de nuestros hijos.
Hoy lo más que se escucha es "es que debe estar con otros niños"... ¿en serio?.

Yo también soy presa de este nuevo "orden mundial"; también llevé a mi hijo a la guardería, no con un año, sino con 4 meses; también entró en el cole antes de la edad "obligatoria"; también he llegado cansada del trabajo sin muchas ganas de "servir de ejemplo".

Cuando era pequeña, mi madre cargó conmigo hasta que tuve la edad obligatoria para el cole. Entré en 1ºEGB, sin guarderías, ni preescolares. Hoy reconozco que su labor como educadora fue impagable, porque con su ejemplo, con su modo de comportarse con los demás, en su trabajo (porque también trabajaba), con el resto de familia tuvo tanto peso en mi que hoy no sería quien soy sin éso.
¿Qué alcancé alguna nalgada? Si, pero ni tengo traumas, ni nada parecido, por el contrario digo que sus enseñanzas no solo me sirvieron en su momentos, sino que me siguen sirviendo aunque haya pasado de los 40.

No es una cuestión de enseñar quien es el más fuerte, si no de aprender a convivir con normas y respetarlas. Y si para ello hay que usar un "castigo" que no se usen paños calientes, ni palabras que parezcan que son otra cosa.

Enseñar que quien se salga de las normas, sale del sistema. Es lo que se usa con un delicuente, no?. Te saliste de "madre" (bonita expresión, por cierto) y ahora te "castigamos" durante una temporadita fuera del sistema.

El castigo no tiene que ser violencia; hay algunos castigos que son mucho más efectivos que una torta. Y lo puedes enviar a su habitación, "arrestado", privándole de su "libertad" para que aprenda a valorarla, pero que sepa que es porque ha hecho algo mal y tiene sus consecuencias y debe aprender a hacerlo mejor.

De ahí, a que lo "mandes a pensar", sin más...hay un abismo.

Un saludo, Pedro.

María Hernández dijo...

Hola Germán:

En lo de "redefinir" valores es en lo que no estoy tan de acuerdo con esta modernidad, que nos cuentas.

Hay valores que no necesitan ser redefinidos.

Lo que me perturba es que con esta sentido "del ridículo" que nos embarga, pretendamos darle unos nombres a algo que en su contexto es lo mismo que antes.

No por llamarle "silla de pensar" deja de ser un "castigo". Lo es. Te apartan un rato de tu grupo, no puedes hacer lo que hacen los demás, tienes limitados tus movimientos y tu forma de expresión. ¿Eso no es un castigo?.

A mi lo que me cabrea es que pretendan vendernos una moto que no es. Ni el niño va a comportarse mejor porque lo llames "silla de pensar", ni porque omitas la palabra "castigo" de tu vocabulario. Son las acciones, los hechos, los resultados los que cuentan.

¿Acaso le hacemos un bien mayor enviándolo a la "silla de pensar" que "arrestado contra la pared"?...¿tiene un resultado distinto?... ¿no se pretende lo mismo?...el resultado que esperamos no es ¿que no lo vuelva a hacer?.

Hay un valor que yo defiendo por encima de cualquier otro, excepto el respeto que es el principal, y que sería "saber ser consecuente" con tus acciones. Pero ¿cómo vamos a poder enseñarlo si somos nosotros quienes primeros pecamos con su omisión?.

Y como yo prefiero ser "libre" para "pensar" lo que quiera, no solo en las cosas que he hecho mal, sino en las que puedo hacer bien, es por lo que lo de la "silla de pensar" no va conmigo, porque las sillas las quiero para sentarme y el "pensar" como parte de mi libertad.

Si hago algo mal, castígueme, arrésteme, sáqueme del sistema que no supe respetar, hágame responsable de las consecuencias de mis actos, pero no me diga que PENSAR es sólo para éso.

Un abrazo, Germán.

P.D.: Tengo el libro del "Sastrecillo valiente" por ahí y oye, siempre vi que el Rey iba desnudo, jaja.

Germán Gijón dijo...

Hola, María:
a eso me refiero con la diferencia entre libertad y libertinaje: "prefiero ser libre para pensar -y hacer- las cosas" (...) "y si hago algo mal hágame responsable de las consecuencias de mis actos, castígueme por violar un sistema que no supe respetar (y que fundamentalmente trata de que yo no vulnere con mis actos los derechos de los demás)". Pero parece que se tenga que tener comprensión con los del "yo primero y los demás que arreen" por aquello del contexto y las circunstancias (a eso me refería con exceso de relativismo y lo del sastrecillo).
Un abrazo, María.

GLORIA dijo...

Les dejo aquí unas palabras de CArlos Glez, autor, entre otros de "Bésame mucho"
" No creo que los niños necesiten castigos para aprender, lo mismo que no los necesitamos loa dultos. Los niños desean hacer felices a sus padres y lo intentan conatodo entusiasmo (aunque no simepre saben cómo)-El que sabe que ha hecho mal intentará no volverlo a hacer y no necesita ningun castigo.Al que no lo sabe, basta con decírselo. si no está de acuerdo, si él cree honradamente que ha hecho bien, no camiará de opinión por un castigo. Antes bien, sentirá rabia y humillación y volverá a hacer lo mismo en cuanto pueda. Lo más que te pueden enseñar los castigos es a hacer ciertas cosas con disimulo, para que no te pillen. Eso no es una conciencia moral, sino pura hipocresía.
Es perfectamente posible educar a un niño sin castigos y sin la amenaza del castigo."
No recuerdo ningun castigo en casa, excepto alguna bofetada (y puedo recordarlas todas asi que no fueron muchas)Nunca me dejaron sin cena, ni sin poste, ni sin salir, ni siquiera "encerrada" en la habitación y no creo que haya salido tan mal. Tú que crees hermana?

Besitos

Saludos

María Hernández dijo...

Hola Gloria:

Pues no, no creo que ninguna de las tres les hayamos salido tan mal a nuestros padres, pero aunque yo he intentado seguir pasos similares, en cuanto a la educación de los hijos, lo cierto es que el "entorno" ya no es como cuando nos tocó a nosotras "crecer".

Fíjate solo en un dato:

Nuestra madre, y tú lo sabes, solo tenía que decirnos "Ay, que verguenza, si yo te tuviera que pegar en la calle delante de la gente" para que nos pusiéramos más firmes que legionarios en campaña, aunque la nalgada no llegara NUNCA. Y como bien dices, tampoco fueron tantas como para estar atemorizadas.
Hoy, desgraciadamente, le dices a un niño lo mismo y te contesta al grito pelado "Pégame, anda...y TE DENUNCIO" mientras un montón de ojos te miran como esperando el mínimo gesto acusador. Y no es autobiográfico, pero es de dominio público.
No sé, hermana, sabes que nosotros no nos educamos, ni educamos, con barra de acero, ni falta que hace, pero creo que, en general, la sociedad (y formamos parte de ella) ha llegado a un punto de "difícil retorno" en cuanto a la forma de enseñar valores y hacerlos respetar.
Estamos en la era "light", donde todo es permitido mientras no engorde, porque la "apariencia" cuenta más que el contenido y da igual el resultado, lo importante es aparentar ser "chachimegaguay del paraguay" y "supertolerantedelamuerte".

A lo mejor la solución reside en saber decir NO y mantenerse firme, claro que así no eres "chachipiruli de la modernidad".

Hermana, sigamos intentando educar a nuestros hijos en los valores que aprendimos de los nuestros: el amor y el respeto. Con estos dos, solamente, pero bien aprendidos, ganaremos la batalla a la "gilieducaciónpostmoderna".

Un beso, hermana...

P.D.: Ejemplo de castigo de mi madre "verídico":
" Si no te comes todo el huevo, esta tarde no vas al cole". ¿Cómo? ¿No ir al cole?. Me como el huevo hasta con arcadas.

Hoy: "Como no te comas el huevo no vas al cole"
"Pues no voy, ¿y a mi qué?"

Hay una ligera diferencia, no crees?

Josep Julián dijo...

A mí me parece que eso de la silla de pensar no está tan mal pensado, pero yo no lo aplicaría a los niños de preescolar sino a los de ESO en adelante. Les mandaría a pensar y si en diez minutos no se le ha ocurrido ninguna reflexión les aplicaría un visionado íntegro y obligatorio de las canciones españolas del festival de Eurovisión desde su creación. Puro conductismo, vaya.

María Hernández dijo...

Jajaja, Josep Julián... lo de Eurovisión, sería perfecto.

Estamos de acuerdo en algo, a cada edad, lo suyo.

Yo no discuto el valor de la reflexión, faltaría más. Lo que me aterra es que se usen "términos rosas" para denominar lo que es. Me parece que crea confusiones y en educación las cosas cuanto más claras mejor, sin tanta parafernalia, ni dobleces gramaticales.

"Lo has hecho mal, hay que hacerlo bien", "te has portado mal, hay que portarse bien".

Mal, bien; mal, bien...No me parece tan complicado.

Un saludo, Josep.

Related Posts with Thumbnails