
Hoy en día son muchas las lavadoras que funcionan a diario en el planeta. Algunos ya vinimos al mundo, no todos, con una lavadora en casa, porque todo hay que decirlo, en España los “adelantos tecnológicos” llegaron un poco más tarde. Por lo tanto, podríamos decir que hemos crecido con ellas, con sus vibraciones, sus días de puesta y, como no, con la incertidumbre de si tus vaqueros preferidos están dentro o fuera de ella.
Con el devenir de los años las características de las lavadoras han cambiado, pasando de ser meras “mareadoras” de la colada a poseer un equipamiento electrónico digno de cualquier avión a reacción.
Si bien cualquier otro electrodoméstico es bien recibido en una casa, máxime cuando se trata de un aparato electrónico de última generación y todos se pelean por conocer, indagar y apretar cada botón, con las lavadoras no pasa lo mismo. Podríamos decir que es uno de esos elementos que se le “atraganta” a más de uno, por muchos conocimientos que posea en otros campos y casi siempre terminas escuchando “es que yo no sé ponerla”. ¿No sabes poner la lavadora y sabes programar el dichoso disco duro multimedia conectado a la televisión de plasma con TDT incorporado?. ¿No sabes o no quieres saber?.
El primer error fatal que cometen los “que no saben”, pero que por diversos motivos se ven acuciados por la necesidad de probar el invento, es olvidarse de lo principal: “leer el libro de instrucciones”. Los dibujitos que traen las lavadoras en sus botones no son para divertir al personal, tienen un significado.
El segundo error: no saber discernir lo que es ropa blanca de la ropa de color. Siempre fue muy fácil escuchar en casa “Voy a poner una lavadora...¿alguien tiene algo sucio?” y allí que empezaban a aparecer prendas y más prendas, pero nadie esperaba a ver como se hacía la selección entre ropa blanca y de color, los distintos tejidos y las especificaciones propias de cada prenda (por si alguien no lo sabe, cada pieza de ropa trae una etiqueta de fábrica, con unos símbolos que también tienen significado).
El tercer error: el experto puede poner el detergente y otros aditivos “a ojo”, el novato, NO. En cada recipiente de detergente, suavizantes, blanqueadores, etc. vienen las instrucciones sobre cómo se miden las dosis.
El cuarto error: “Si la pongo en el programa 1 y tiene 16, digo yo que saldrá más limpia”. NO y NO. Según el tipo de ropa y la suciedad que tenga se usa un programa u otro. ¿O caso para grabar la serie de Tv de las 10 de la noche programas el grabador para que lo haga desde las 8 de la mañana?.
El quinto error: No preguntar al que si sabe. Parece como si admitir que uno no sabe usar una lavadora fuera poco menos que un "delito".
El sexto error: Saltarse a la torera la prohibición de usar “agua caliente” en algunas prendas o la especificación de “lavado en seco” de otras.
El séptimo error: Si has llegado hasta aquí y te sientes identificado con “el que no sabe”, te remito al punto uno. No lo sigas intentando, te quedarás sin ropa, pero antes, para terminar de convencerte, lee lo que sigue.
Si a pesar de todo, aún te sigue rondando por la cabeza lanzarte hacia tu primera lavadora sin más, te advierto estás conjurando al “duende maléfico” que vive en el intramundo de tu lavadora y que aparecerá para “aguarte” la colada.
CASOS REALES:
-Un antiguo amigo me contó que la primera vez que puso una lavadora, en su primer año de universidad, se le “coló” sin darse cuenta una camiseta roja dentro de la lavadora de ropa blanca (camisetas de interior, calcetines, batas de prácticas) y cual fue su sorpresa al sacar su “primera colada” y encontrarse con un nuevo fondo de armario de un “color distinto al original”. Entre risas y más risas confesaba que fue el hazmerreír de toda su clase cuando apareció, en sus prácticas, con una bata de “color rosa” y apuntaba “y eso que no me vieron por dentro, parecía un chicle”.
-A Rosa le hacía mucha falta, para salir con sus amigas, la camiseta "supermegaguay" que hacía poco se había comprado en las rebajas. Le quedaba “divina de la muerte” y por nada del mundo iba a resignarse a no poder usar “su novedad acrílica” por tenerla sin lavar. Pensando, erróneamente, que, si su madre ponía la lavadora con “los ojos cerrados”, ella sabría perfectamente hacerlo también, se aventuró a programar aquel “facilísimo ingenio”. El resultado fue una minicamiseta del tamaño de su antigua Barbie, porque pensó que aquel botoncito con el dibujo “ ºC “ quería decir “centrifugado a tantas revoluciones” y no los grados de la temperatura del agua.
- Un recién divorciado estuvo a punto de terminar “acorralado” por la espuma que salía de su lavadora. Pensó que si llenaba la cubeta del detergente hasta arriba, su ropa quedaría mucho más limpia que lo nunca la dejó su exmujer. Acabó por llamarla para pedirle “sus sabios consejos”.
Parece una tontería, pero el “duende maléfico” siempre ataca...cuando no sabes.